Debo de confesar que, aunque ha pasado un tiempo, aun no logro echarte al olvido ni siquiera un poco, no hay un día en que sinceramente no me acuerde de ti y que las eternas y no gratas preguntas ¿por qué no supiste valorarme? ¿por qué no te a sinceraste y me dijiste que en verdad no estabas interesada en mí? No ronden por mi cabeza, como si no fuese suficiente extrañarte tanto, pero a la vez seguir convencido de que lo sucedido fue exactamente lo que tenía que pasar, sin quitar ni poner de más.

Debo confesarte que aún me pregunto todas las noches antes de irme a la cama el porque me has pagado con una moneda así, ¿en verdad lo merecía?, porque hacerme daño cuando yo considero que jamás te lo hice a ti, creo que en más de una vez te reconstruí, si, te reconstruí de tus heridas, de aquellos momentos que de dolían, ¿por qué no dejarme ayudarte con tus miedos? ¿por qué no hablar de lo que hubiese podido ser mejor para los dos? ¿por qué?

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Creo que nunca terminaste de comprender y aceptar que yo no era tu rival, todo lo contrario, siempre estuve para ti en cualquier circunstancia sin pedirte nada a cambio, al menos nada que no estuviese en tus manos, pero corresponder al amor que te daba, ¡vaya! Claro que lo estaba, el problema es que el egoísmo era una de las características más resaltantes en ti.

Finalmente pasé por miles de fases para tomar una decisión, que, aunque me haya crujido el corazón, a la larga sé que será beneficiosa: quererte, pero darme cuenta que en realidad no teníamos un futuro.

He sentido dolor, angustia, tristeza. Tengo pensamientos que van y que vienen, que avivan todos mis recuerdos que, probablemente no podré ni querré olvidar ni borrar, muy a pesar de mí.

Tal vez tuve que haber abandonado el barco mucho antes, mucho antes de que zarpáramos, pero, quise ser valiente por ti, por nosotros. Apostar sin miedo a perder y finalmente perdí. Pero ahora ya da igual, supongo. Fue como fue y en el momento que debía ser. No me querías y punto. No es un reproche, es una realidad, tu realidad y la mía. Definitivamente a un corazón no se le puede obligar a sentir. Creo que para querer hay que quererse primero uno mismo. Y creo, que eso te ha hecho falta para llegar a quererme.

Juro que intento perdonarte cada día que pasa, ponerte una sonrisa en silencio, desear que estés muy bien, que en verdad te cuides, que te quieras y que los pequeños, se encuentren siempre bien.

¡Maldita sea! Debo reconocer que aun te echo mucho de menos, pero no pasa nada, supongo, quiero pensar que es parte de este proceso. Igual no importa, porque no logro olvidar todo lo que ha pasado.

Me llegan flashazos tuyos con aquella sonrisa cautivadora, con aquel cabello despeinado y con esas líneas de expresión que apenas comenzaban a notarse. Pero, el caso es que no deseo saber más de ti, tal vez inconscientemente sí, pero no me haces ningún bien, lo sé. ¿Qué caso tendría? Si no somos nada el uno del otro y también me pregunto si en realidad alguna vez lo fuimos.

7

Para mí, fuiste sumamente importante, aun lo eres, pero mi subconsciente quiere olvidar que es así. A veces me gustaría poderte decir ¡te quiero! ¡te extraño! Mirándote a los ojos, decirte cosas bonitas o hacer cosas para nuestra felicidad, eso es lo que más quería. Pero entonces tu orgullo se encarga de matar cada palabra tan difícil de decir, pero más difícil para ti apreciar. Termino confirmando que de haber sido de otra forma yo ahorita no estaría creciendo y seguiría en ese ¨suicidio emocional¨ en el que estaba a diario por aferrarme a tu lado.

Nunca terminaste de comprender que, en una pareja, ser feliz es la norma e intentarlo día a día es la obligación, no la excepción. Y no por ello es que me olvido de todos los momentos que compartí a tu lado, inclusive ver un partido de futbol se me ha quedado grabado, o como cuando convivimos como una familia, una de verdad, una en la que tus pequeños terminaron cuestionándonos que si cuando viviríamos al fin todos juntos o en aquella ocasión en que montamos el árbol de navidad y saqué la foto familiar, la del recuerdo.

Fui tan feliz como no te pudieses imaginar con cada momento. Inclusive en aquellos tan pequeños que posiblemente no puedas recordar, pero que se han quedado en mí, como cuando mientras dormías te cubrí con una manta y entre dormida y despierta dijiste que nadie lo había hecho antes. Fui feliz preparándote el desayuno, velando por tu bienestar, cuidando de ti, haciéndote sonreír. Fui feliz con la mentira de que tú también me querías, de que tú también sentías. Aunque claro, también hubo momentos que me diste y que sinceramente no me hicieron para nada feliz, como cuando terminaba marchándome a casa solo y la cama sin ti se sentía enorme, o tu falta de honestidad y claridad para conmigo se hicieron presente.

Y al paso del tiempo terminé descubriendo que tus prioridades eran otras, nada compartibles en pareja, nada que nos ayudara a crecer o ser felices. ¡Pero qué carajo! No quiero saber más de ti, pero al mismo tiempo no dejo de pensar el día que decidí asumir el reto, el riesgo de amarte. No dejó de pensar en la fortuna que hubiese sido formar una familia. El regalo tan divino de poder pasar con ellos momentos únicos que me hicieron amarlos, compartir con ellos cada instante ha sido una sensación maravillosa.

Sabes bien que me hubiese encantado construir algo en conjunto, pero esto es cosa de dos y faltaste tú para hacerlo posible. Pero creo que este final, solo me trae la oportunidad de poder dar lo que me hubiese gustado darte a ti. De cierto modo me apena el que no supieras o no te convencieras del amor que te profesaba. Tal vez por miedo en que te hubiese podido lastimar, lo cierto es que nunca te diste la oportunidad de terminar de conocerme, demostrarte que, quería repararte.

Puedo recordar como el día en que nos conocimos dijiste que no se valía hacer daño, paradojas de la vida, he de suponer. Finalmente fuiste tú a quien elegí para compartir mi vida, mis sueños, pero cabe recordar que tu no me elegiste a mí para ello. Aun así, valió la pena, créeme que, a pesar de todo, todo tiene valor para mí. Aunque he pasado momentos muy difíciles desde que terminamos, queda mi conciencia tranquila y paz interior, porque sé que todo lo que hice lo hice de corazón y sé que al final tomé la decisión correcta.

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A veces he querido salir a buscarte, pienso en querer saber de ti, saber si has necesitado algo, si en verdad has estado bien, pero después recuerdo que es la misma distancia, que mi número sigue siendo el mismo al igual que mi dirección y que si hubieses ocupado de mí hubieses sabido llegar sin dificultad, porque cuando uno quiere algo o a alguien lo busca y lo encuentra esté en donde esté. Porque cuando es así, deja el orgullo y el egoísmo y los manda lejos de una patada. Pero, en fin, ahora sé que estoy más cerca de que llegue mi verdadero amor. Y es que, todo corazón que sabe de amor y ha sido roto, siempre obtiene una recompensa, para él vuelve a salir el sol.

Te preguntaras porque escribo esto, la respuesta es que me lo merezco. Ya sabes que lo que pienses de esto no me importa, no es un mensaje encriptado ni es un dejarme caer, ni tiene doble cara, ni me he de poner a pensar si le darás valor o no. Simplemente creo que me debía esto, el desahogarme, el exponer todo lo que en su momento me hiciste callar y todo por ¡cobarde! Sé que si alguien me leyera diría ¡déjalo ya, no vale la pena! Tal vez no lo vale, pero este soy yo, tal cual.

Sería inhumano de mi parte no agradecerte por tu tiempo, mucho o poco, pero fui feliz con la mentira de tu amor. Gracias por despertar en mí el sentimiento más puro que no todos tienen el privilegio de sentir: amor. Deseo que encuentres tu felicidad y que, al tenerla frente a ti, no la dejes ir, así como me dejaste ir a mí. Hay momentos y personas que no vuelven jamás. Me despido para siempre, porque en él siempre se encuentra mi paz y bienestar.

Para ti, que, aunque saliste de mi vida no saliste de mi corazón, pero hoy, hoy te he de decir para siempre adiós.

Autor: Stepha Salcas



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