Hay veces que nuestras fuerzas no son suficientes para levantarnos de nuevo, hay veces que la compañía de otras personas ayuda a combatir la soledad, pero no te alivia, no te reconforta, ni te llena, hay veces que simplemente sientes que ya no puedes caer más bajo, que todo deja de importar, que la vida pierde su perspectiva y su importancia, y es en ese momento cuando nos volvemos a acordar que hay alguien superior, alguien a quien podemos recurrir cuando todo lo demás no es suficiente.

No soy una devota de mi religión, de hecho, me considero un tanto hipócrita, porque a pesar de siempre agradecer por los alimentos, realmente nunca tengo a Dios como lo más importante, me siento hipócrita porque me acuerdo de él precisamente en el momento en que me doy cuenta que sola no puedo salir, pero creo en Dios porque he sido testigo de grandes cosas que ha hecho en donde la explicación lógica no cabe.

Estaba con mi vida hecha pedazos, de un momento a otro me las arregle para perderlo todo, incluso aquellas personas en las que más confiaba me dieron la espalda, suplique por ayuda a quienes en algún momento me juraron su lealtad y solo recibí una cachetada con guante blanco, promesas de apoyarme que nunca llegaron y fue entonces cuando me di cuenta que estaba sola, que incluso aquellas personas a las que siempre ayude no me devolverían el favor.

Me encontraba envuelta en la desesperación, sin esperanza, sin rumbo, sin una sola estrategia o pensamiento positivo que mi dijera “cálmate mañana será un día mejor”, debo aceptar que incluso pensé en el suicidio, pero algo raro sucedió, llego una persona que no conocía a mi casa a invitarme a un retiro espiritual, mi primera reacción fue decirle “No gracias”, pero esta persona de alguna manera dijo las palabras precisas para hacerme cambiar de opinión, -“imagino que estarás muy ocupada, imagino que prefieres pasar tu tiempo con alguien más, pero si gustas lo puedes invitar y vivir esta experiencia juntos, mientras más seamos mejor”, fue cuando me recordó que no tenía realmente nada que hacer, que no tenía ni la compañía de una mascota y creí que ver y platicar con otras personas me podría ayudar un poco, que todo era mejor que la obscuridad de mi cuarto, y esta soledad que hacía días era mi única compañía.

mujer llorando

No creo ser capaz de describir lo hermoso que fue esa experiencia, creo que todos aquellos que creen en Dios deberían vivirla si tienen la ocasión o posibilidad, solo puedo decirles que después de salir de ese retiro recordé que la Oración trae una paz enorme al alma, y que es capaz de transformar nuestras vidas por más torcidas que estas estén, pues cuando regrese de nuevo a mi cuarto, ese mismo que me aterrorizaba, esas cuatro paredes que tanto odiaba, fue ahí mismo que encontré sanación, incida en una esquina de ese cuarto obscuro, haciendo oración, mi vida regreso a la normalidad.

mujer llorando

Quiero aclarar que respeto mucho a las personas que no creen en Dios, sé que cada uno funciona de manera distinta y si para ellos no es algo que les traiga paz, amor y bienestar, está bien, a pesar de todo lo bueno que Dios ha hecho en mi vida, no tengo la intención de predicar, solo quiero compartir lo que me pasó y recordarles a todos aquellos que creen en él, que él siempre es una mano amiga, y que en muchas ocasiones es el remedio perfecto para salir delante de las situaciones en las que creías que nunca podrías salir.

Solo quiero decirles que es verdad que la oración también puede llenar esos vacíos que tenemos en el alma y en el corazón.

Autor: Sunky



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