Quisiera que las cosas fueran diferentes, que tras cada vez que nos decimos a adiós, no regresáramos de nuevo. Deseo que una de esas despedidas, por lo menos una; fuera definitiva. Pero somos tan necios, o tercos, en realidad no sé que es lo que nos sucede porque siempre llegamos al mismo estúpido punto.

Siempre regresamos para estar juntos, antes pensaba que eso era muestra de un amor fuerte y único.

De esos que no se pueden separar, por eso siempre terminábamos juntos. ¡Que tontería! Y me la creí, hasta hoy que veo como hemos perdido el tiempo en idas y vueltas. Lástima que la costumbre puede más que la decisión misma.

Quien se quiere no se lastima, quien ama a otra persona no busca a otras, quien esta interesado en su pareja no busca pretextos para poder salir por la puerta de emergencia.

Que ingenuos hemos sido, porque digo, ambos nos la creímos, los dos aceptábamos amarnos tanto que no podíamos dejarnos. Sin embargo, nos dejábamos.

Se me colmó la paciencia. No he encontrado a alguien más como tú aseguras, vaya sorpresa que aún después de tus fallas tengas el valor para celarme y mostrarte dignamente ofendido por pensarme con otro. De cualquier forma, no es así. Resulta que me encontré conmigo misma, con ese yo que estaba bien oculto en mi interior.

Se estaba evaporando poco a poco y yo no era capaz de escucharla, pero por fin en un momento de silencio, de una de esas veces que nos alejamos, pude escuchar lo que quería.

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Sí, veo a alguien más, me encuentro con la yo que nunca me he atrevido a ser…  Yo misma.

Lo lamento, en realidad muy poco, pero sí lo hago. Porque ya no quiero perder el tiempo en nuestros adiós y luego tan sólo volver a aceptarnos, eso no es una relación, es un mal juego de jóvenes tontos que no tienen cosas más interesantes que hacer. Estoy harta y no sé como le voy a hacer. pero me he propuesto a no volver otra vez.



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