He llegado a la conclusión de que no es a ti, ni a tu persona, ni a tu manera de ser lo que odio. No, lo que odio es lo que dejas a tu paso, tus consecuencias, tus efectos secundarios. Odio la persona en la que me convertiste, una persona temerosa, con miedo al amor, con una autoestima tan baja que ya no se atreve a imaginarse iniciando otra relación de pareja. Yo, que antes era una mujer segura de sí misma, a tu lado aprendí a ser desconfiada y bastante timorata.

Ahora, gracias a ti, ya no le creo a los hombres cuando me dicen que me quieren. No pienso que haya un hombre honesto sobre la faz de la Tierra, siento que todos me quieren mentir, que todos me quieren engañar, que todos en algún momento me van a traicionar. Odio esa desconfianza de creer que si esa persona no me contesta las llamadas es porque está engañándome con alguien más, tal como tú lo hacías.

 

Lo peor de todo es que aún siento esa horrible necesidad de salir corriendo a buscarte. Me agobia imaginar que estés dándole tus besos, tus abrazos y tus caricias a alguien más, pero a la vez me pregunto si esa persona con la que estás también está sufriendo de todo lo que tú me hiciste a mí, si la engañas, si la traicionas, si le mientes como hacías conmigo.

Quisiera borrarte de mi vida para siempre, pero mucho me temo que tú has seguido con tu vida mientras yo sigo estancada en un pasado que no sé si pronto podré superar.

 

Autor intelectual: Mari Pineda



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