Fue muy complicado para mi, lidiar con tu partida, mis días sin ti eran espinas que se clavaban en mis manos blanquecidas por el frio de estar lejos de ti pues eras mi sol, mis lagrimas solo paraban de derramarse cuando me encontraba deshidratada, pero erran un torrente infinito de agua que ya no sabían a sal, tenían un sabor a hiel, me encontraba marchita, con un suspiro que no salía, con un nudo en la garganta que me asfixiaba, puedo asegurarte que hasta respirar dolía.

Por las noches apenas dormía, pues me la pasaba recordándote y deseando que volvieras a mí, quería hacerte una especie de hechizo, una brujería o lo que fuera con tal de tenerte a mi lado, incluso si eso significaba perdonarte por haberme abandonado, ¡en ese momento era lo que menos me importaba!, ¿Qué podría ser más importante que tenerte de nuevo a mi lado?, no importaba tener que deshacerme de mi orgullo, de mi amor propio, nada me importaba, incluso si solo volvías para jugar una vez más conmigo, pues tenía la necesidad de tus brazos, de tus besos, de escuchar tus palabras, que aunque fueran mentiras se sentían tan reales dentro de mí.

Dice el dicho “ten cuidado con lo que buscas, porque lo puedes encontrar”, y así fue que llegaste un día por la mañana, las cosas no te habían salido bien y buscabas consuelo, no sé si mis brazos fueron los primeros que buscaste para refugiarte de tu dolor, o fueron los últimos en la lista, pero no lo pregunte, no me importo, lo que paso fue que no tuve tiempo para pensar, corrí a abrazarte y a consolarte sin ni siquiera pensarlo, parecías un perrito de la calle atropellado, carecías de tu confianza habitual, de ese porte tan galante que te caracterizaba y por fin salieron de tus labios esas palabras que creí que solo en mis sueños podría escuchar, me dijiste “perdóname por haberte herido, ahora comprendo muy bien el mal que te hice y puedes estar segura que he tenido mi merecido”.

De ahí pasaron días felices, te tenía para mí todo el tiempo, pero algo era distinto en ti, y en ti el problema era aún más grave que conmigo, yo creía estar al borde del suicidio y siempre pensé que no podría existir en el mundo alguien más desdichado que yo, y de pronto estabas frente a mí y comprendí que eso que dijiste acerca de tener tu merecido no era mentira, no tienes idea de las miles de veces que imagine esta escena y creí que me iba a sentir bien al verte sufrir por haberme sido infiel y que me reiría de tu dolor en pago por el que a mí me causaste, pero no tenía forma de hacerlo, en verdad sentía una lástima profunda por ti.

Creo que verte sufrir te tal manera me hizo perdonarte así sin más, siguieron pasando los días y con ellos los meses, y yo esperaba impaciente a que te recuperaras, pero hay algo que está roto en ti, algo que al parecer mi cariño no puede sanar, dicen que cuando nos separamos de la persona amada algo de nosotros con ella se va, al parecer, la parte que me conquistaba, que me encantaba de ti la perdiste con ella y por lo visto no volverá, pareces una persona completamente diferente, de hecho cuesta creer que eres el mismo de quien alguna vez me enamoré.

Creo que nunca vuelve el que se fue, algunas veces es menos notorio, otras como en tu caso hasta parecen una exageración, ya sea por la confianza o por la pérdida de la credibilidad, pero siempre algo pasa que hace que las cosas nunca puedan volver a ser igual.

Debo decirte que desde el fondo de mi corazón lamento todo lo que pasaste, ya no existe deuda entre nosotros, aquello que me hiciste en el pasado quedó, pero a pesar de que volviste, no eres el mismo que se fue, y no quiero engañarte, esta persona que ahora eres simplemente no me atrae, espero que algún día puedas ser capaz de recuperarte por completo, yo he sanado la mayor parte de tus heridas, pero ahora ya no quiero perder más tiempo con la vaga esperanza de que vuelvas a ser el mismo, si algún día lo logras y sigues sintiendo ese inmenso amor que dices tener ahora por mí, búscame, y quizás la tercera sea la vencida, adiós.

Autor: Sunky

 



     Compartir         Compartir