Sé muy bien que lo que un día sentí por ti fue verdad, que nunca fingí nada de lo que salía de mi corazón, que cada vez que te decía algo, siempre era con toda la sinceridad y todo el cariño en la mano. Todo acerca de ti era perfecto; tus ojos adormilados, cuando te estirabas para poderte levantar, el primer beso que me dabas por la mañana, tu cuerpo vertido, como te quedaba el verde en tu ropa, tus chistes bobos y que remediaras mis momentos malos con un simple abrazo.

Dudé, recordé tantas cosas que viví y que aunque no fueron contigo, yo las viví. Vivir soportando el engaño, soportando amores a medias, sé que nunca fuiste igual que los demás y que no tenía nada de que temer, pero lo hice. Sé que siempre me demostrabas todo lo contrario a lo que yo pensaba, a lo que temía y a lo que dudaba. Todo era extraño y comencé a dudar demasiado. Te fuiste.

Siempre me hiciste saber cuanto me amabas, que también eras observador y que había cosas de mí que te gustaban, me hiciste saber cómo disfrutabas verme girar la pluma en cada pausa al escribir, que te gustaba ver como pelaba las uvas para poderlas comer, que te gustaba verme enrojecer cuando comía mis cosas favoritas, pero sobre todo lo que más te gustaba era las ocasiones tan espontáneas en las que yo siempre te sorprendía diciendo “Te amo”.

Entonces… dudaste. 

Te causó una gran duda, pensar porqué yo me había enamorado de cada defecto tuyo y no te tus cualidades superficiales. Temiste sentirte expuesto al meterme hasta adentro de tu ser, tú me lo dijiste una vez, dijiste que siempre te hacia sentir temeroso el hecho de que yo me aferrara a las cosas que un día todas las demás rechazaron de ti. Dudaste tanto y ambos desconfiamos.

Buscar quien inició todo, sería un error, ambos dudamos; tú de mí y yo de ti. Nos dejamos llevar por la sospecha, la desconfianza y por la forma en la que dejemos todo a la deriva. De forma que todo esto le ganó a nuestra relación.

4

Nunca permitimos recibir la seguridad que ambos ofrecimos, tú tenias tus propias dudas, yo tenía mi propio recelo y permitimos que experiencias desagradables del pasado nos afectaran hasta este grado… grado en el que nos alejamos. Dejamos que el ayer se comiera nuestro amor, que secara nuestra relación. Y lo peor de todo es que lo nuestro no fue un error, no fue un tropiezo del destino, fue un amor sin igual, un amor de verdad, aunque no nos sirviera de nada. Nuestra duda y nuestra desconfianza tampoco fueron casualidades, fueron aspectos propios de nuestras personalidades.

Probablemente quisimos darnos una dosis de realidad, hacernos ver que lo nuestro no podía ser así, ser como un sueño divino, pues después de todo ¿Cuántas veces tuvimos algo así?, no quisimos darnos la oportunidad de disfrutar sin temor algo a lo que ni tú, ni yo, estábamos acostumbrados.

Nos sentimos tan expuestos a la debilidad, que ofrece amar y ser amado, que decidimos no permitir. Decidimos no permitirnos.



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