Nos dejamos llevar. Tantas veces nos dejamos llevar, al principio fue muy divertido, al principio fue algo que nos hacía salir de las rutinas que el trabajo y el compromiso no nos dejaban hacer, pero con el tiempo las cosas van cambiando y nos voltearon las cosas.

Nos dejamos llevar por la diversión, todos los días aprovechábamos los momentos que fueran, por más pequeños que los momentos fueran. Nos dejábamos llevar por los momentos más románticos y nuestra relación se volvía diferente a cada momento.

Pero en algún momento, algo nos hizo una mala jugada y en nuestros escapes de rutinas, nos dejamos llevar por la monotonía, pude ver qué seguir la corriente en el momento que quisiéramos era un arma de doble filo, y en de un momento a otro nos toco el lado más afilado de todos.

Nos dejamos olvidar, nos dimos permiso de que pasará el tiempo y que fuera interfiriendo en nuestra forma de comunicarnos, algo muy triste; en realidad fue triste pero no pudimos darnos cuenta hasta que fue demasiado tarde. Decidimos irnos, dejarnos y darnos un tiempo; planteamos que un tiempo separados haría que nos extrañáramos, pero por desgracia también nos acostumbramos a eso.

Nos dejamos de amar porque no dimos por vencidos, no hicimos lo posible para que el amor nos durara todo el tiempo que estuviéramos juntos. No funcionó, te he escuchado decir que el mal uso del tiempo en una relación es la culpable para que las cosas duren poco o duren mucho y terminen mal.

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No me parece justo culpar al tiempo, fue nuestra falta de imaginación, nuestra falta de interés para solucionar las cosas y me atrevo a decir que nos falto más amor, porque cuando amas sin fronteras no suceden estas cosas.

Nos dejamos hundirnos en el fondo, navegamos en aguas profundas y nos caímos sin posibilidad de salir a respirar. 



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