No te pediré que me abraces cuando lo necesite. Ni que te disculpes conmigo cuando hayas cometido un error que me haya lastimado mucho. Tampoco te voy a pedir que me beses, que me hagas una caricia tierna, ni que te acuerdes de la fecha de nuestro aniversario y me prepares una linda sorpresa para ese día especial.

No voy a pedirte que hagamos nuestras maletas y recorramos juntos todo el mundo, ni que nos demos la oportunidad de vivir nuevas experiencias cada día. No te pediré, mucho menos, que me tomes de la mano y te sientas orgulloso de caminar a mi lado en la calle. No, no voy a pedirte que seas un caballero conmigo.

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No voy a pedirte que te me quedes viendo fijamente a los ojos y me sorprendas diciéndome: “¡qué hermosa estás esta mañana!”, aunque no sea cierto, sólo para hacerme sentir bien. No voy a pedirte que un día se te ocurra escribirme un poema de tu puño y letra, aunque no sea brillante y aunque tú no seas escritor profesional, pero que nazca de tu corazón. Tampoco te pediré que me preguntes cómo estuvo mi día ni que me cuentes cómo estuvo el tuyo.

No voy a pedirte que me digas que me extrañas. No te pediré que me agradezcas por todo lo que he luchado por nuestra relación, ni que estés a mi lado cuando haya tenido un mal día y necesite de tu apoyo. No te pediré que me ayudes cuando tenga que tomar una decisión difícil en la vida. No voy a pedirte que me escuches cuando tenga algo muy importante que contarte, ni que me consueles cuando simplemente quiera echarme a llorar. No voy a pedirte absolutamente nada, ni siquiera que me ames…

…no voy a pedirte nada, porque si tengo que pedírtelo, ya no lo quiero.



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