Pobre del que tenga envidia, porque nunca podrá apreciar el valor de lo que él posee.

 

Si hay algo que me incomode en esta vida, es cómo nos hace sentir la envidia: para nada es un sentimiento positivo y mucho menos una experiencia agradable, pero ¿Quién no ha sentido envidia alguna vez? ¿Quién no ha sentido celos? ¿Quién no ha fingido alegrarse para luego entristecerse? ¿Por qué él sí y yo no? Me atrevería a decir que todos, porque mucha gente tiene cosas o goza de situaciones que nosotros no tenemos y codiciamos.

Obviamente, siempre existirán personas que te quieran ver bien, pero nunca mejor que ellos, pero eso no significa que tengan derecho a dañar, porque desde el momento que alguien te critica, te descalifica, te ataca, se burla de ti, te pone trabas para no lograr tus metas, desea que fracases o pierdas lo que has logrado, significa que existe un grave problema llamado: “ENVIDIA”.

La envidia es, en resumen, un sentimiento de tristeza o enojo que experimenta una persona que no tiene o desearía tener para sí algo que otra posee. Es un problema ligado a la baja autoestima, es simplemente falta de amor propio y la falta de valor que se dan ellos mismos. La persona actúa que de esta manera sufre mucho por sentirse inferior y a veces, no se da cuenta cómo se daña a él mismo y a los demás. Su frustración no le deja ver que lo que otro tiene, es porque hace algo para lograrlo. El envidioso no reflexiona que sus actos tienen consecuencias y que es mal visto por la sociedad. Lamentablemente son rechazados y se quedan solos; sintiendo tal vez más ira y culpa.

No existe la envidia buena y la envidia mala, la envidia, como tal, es auto flagelarse por desear lo que otros tienen o consiguen y tú no. Si tan sólo fuéramos capaces de admirar cómo lo han logrado y aprender de ello, en vez de adoptar por criticar hasta destruir. Así de bruto es el ser humano.

Queremos ser libres, sin dejar que otros o todos lo sean. Queremos hacer realidad nuestros sueños, para mostrarlos al mundo entero, para ser reconocidos, para ser envidiados o admirados… piénsalo. ¿Cuál es tu fin?

A veces nos buscamos enemigos aún sin saberlo y sin motivo aparente, sólo por obtener éxito en los que otros no han podido, por gustarle a otra persona, por ganarnos la amistad de alguien, por lucir mejor que ellos o por mil razones más.

La mayoría de estos “enemigos desconocidos”, ósea los envidiosos, se agobian, se obsesionan tanto por los triunfos ajenos que les causa rabia e infinitos deseos de destruir.

La envidia hace muecas, no se ríe. -Lord Byron

 

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Tengo que decir que la envidia es inevitablemente, un sentimiento propio del ser humano, pero algo ilógico ya que cada uno de nosotros tiene algo único para dar, que otros no tienen.

No marchites tus días envidiando a quién tiene y lo consigue. Porque si hay gente que consigue sus sueños es porque sabe que si se quiere, se puede. Porque mucho o poco, han luchado para lograrlo, quizá lo han pasado bien y mal para conseguirlo. Habrán llorado y reído hasta vivirlo, pero el resultado, para todos, es el mismo. Han hecho sus sueños realidad y están en su pleno derecho para compartirlo, para callarse o gritarlo a los cuatro vientos. Es su libre elección y tú no eres nadie para envidiarles.

En lugar de eso, enfócate en el papel de ser un excelente alumno para admirarlos, para seguir sus pasos, aprende de ellos y empápate de sus conocimientos, de los miedos y experiencias a los que se han tenido que enfrentar cuando se encontraban en la misma situación que tú. Cuando no eran nadie, cuando ni siquiera creían en ellos mismos, mucho menos en sus proyectos, cuando no se creían capaces. Cuando les asustaba el qué dirán. Cuando se encerraban a llorar en sus cuartos buscando la fórmula perfecta que hiciera cambiar sus vidas.

Si ellos ahora son distintos a ti, es porque no se han rendido, porque paso a paso han avanzado en su camino y lo han logrado. Porque no esperan la oportunidad, sino que la han buscado. Porque nunca los han detenido las criticas ni los señalamientos, porque saben que la única manera de lograr lo que se quiere es partiéndose la cabeza una y otra vez. Porque ellos saben que las alas están hechas para volar.

La envidia es el mal de cada día, está siempre en primera fila, depende de ti, cederle el paso o apartarla de tu lado. Es fácil de sentir. Es voluntad propia no aceptarla en tu vivir.

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Las alas para volar todos las tenemos, sólo es hora de que comiences a desplegarlas, es hora de creer ti y en las posibilidades de lograr todo lo que te propongas sin necesidad de envidiar a nadie, aprende por reconocer tus debilidades y tus fortalezas. Sé fuerte ante las adversidades . Actúa en armonía con tus propósitos. Vuela por tus sueños y comienza a disfrutar lo que tienes. Carga tus alas de orgullo, pero sobre todo de amor por ti mismo, y por favor… no caigas en el juego dañino de la envidia!

Aléjate de la gente que trata de empequeñecer tus ambiciones. La gente pequeña siempre hace eso, pero la gente realmente grande, te hace sentir que tú también puedes ser grande. -Mark Twain

 

Autor: Karla Galleta



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