Creo que la mayoría de las mujeres hemos utilizado la tan famosa frase ¨todos los hombres son iguales¨, no tengo ni la menor idea de quien la inventaría, tal vez una mujer despechada, una mujer que fue lastimada o una que ha dejado de creer en los hombres o quizás sea una que los ha conocido a todos y ha hecho tal afirmación. Pero si algo es cierto es que esta frase la utilizamos en la mayoría de los casos después de que nos rompen el corazón y me incluyo porque yo no he sido la excepción.

¿En verdad todos son iguales?

Podríamos decir que sí. Muy a pesar de su apariencia física, su clase social, sus estudios, su trabajo o sus capacidades, en algún punto todos terminan haciendo alguna acción que los hace ser iguales. Y es que es curioso que justamente entre los 18 y 25 años sean catalogados en este mito o realidad, quizás por ser la etapa en que todos pretenden ser más que otros. Parece que compitieran unos con otros para ver quien logra obtener más, más trofeos (chicas), más triunfos (sexo), más reconocimientos (corazones rotos).

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No les importa que la vida sea más agraciada con ellos, que no tengan que sufrir la terrible visita de Andrés (…el que llega cada mes, la odiada menstruación), que no tengan que soportar tacones por horas, ni tener que estar arreglada las 24 horas del día, ni sufrir celulitis o hacerse las uñas, ni prohibirse cosas todo con tal de no ser señaladas como ¨zorras¨, ni mucho menos soportar miradas morbosas, piropos ofensivos, partos, atender un hogar, ser todóloga o encontrar un jodido lugar para orinar. No les basta todo ello, ellos terminan siempre jodiendonos, por eso y más es que ¡todos son iguales!

Y a veces suele pasar que creemos que por fin hemos encontrado al ¨diferente¨ y en un abrir y cerrar de ojos resulta ser exactamente igual. Igual de cobarde porque solo se dedica a enamorar, engañar y dejar. Igual porque así como aparece de manera inesperada también de la misma manera desaparece sin dar la cara. Igual porque aunque dice ¨olvidar¨ sin que tú lo sepas llama a la exnovia. Igual porque aseguran que van a llamar y nunca lo hacen, siempre terminas haciéndolo tú o igual llaman, obtienen lo que quieren y se esfuman, simplemente desaparecen. Igual porque prometen mil cosas que jamás han de poder ni querer cumplir en realidad. Igual porque resulta un coqueto que va por ahí diciéndole cosas a cuanta mujer se le ponga enfrente. Igual porque con el pasar del tiempo terminan siendo unos machistas que pretenden que vistas, hables y decidas los que a ellos les plazca. Igual porque un buen día de la nada deciden que se les ha terminado el amor y no tienen los pantalones para decir que tal decisión tiene nombre y apellido, peor aún te dan esperanzas de volver y en esa espera ellos rehacen su vida y una sufriendo por amor (pero en este caso tu eres quien toma la decisión, lo que es para ti mejor, conforme siente tu corazón). Así que definitivamente todos son iguales.

¡Los peores!, los que todas tememos y odiamos (pero que son jodidamente irresistibles) y que al menos alguna vez han estado en nuestra vida

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A pesar de deducir que todos son exactamente igual, hay algo de cierto en que en un punto de su edad cambian. Hemos de pensar que llegan a la etapa de maduración. En su trayecto han logrado aprender que deben valorar a la mujer, más aun si es alguien que los ama en verdad, la que siempre ha estado ahí en las buenas y en las malas. ¡Hay hombres que si cambian!, hombres que salen de su mito y realidad. Hombres dispuestos a amar de verdad, de entregarse a una sola mujer, de formar un hogar. Y hay otros (los peores) que definitivamente ni aunque los años transcurran hacen cambios en su persona. Continúan viviendo su vida loca. Jugando con los sentimientos de las mujeres. Lastimando, engañando y dejando. Hombres que se la viven de fiesta en fiesta y que saltan de cama en cama (como las pulgas) y como tales también son una plaga. Ojalá existiera la forma de exterminarlos, lo cierto es que somos las mujeres mismas quienes ampliamos dicha plaga. Pues aunque nos lastimen los perdonamos y a veces continuamos amándolos. ¡Qué gran error! Pero ¿Quién puede contra el corazón?

Y estos peores, estos patanes son los que indiscutiblemente siempre tienen más suerte. Siempre terminan comiéndose la manzana que está en lo más alto del árbol y no exactamente porque luchando la haya alcanzado, simplemente su astucia y juegos mentales hacen que ella misma se arroje a sus brazos. Si tan solo nos valoráramos un poquito más y no aceptáramos ni perdonáramos actitudes tan dañinas, quizás este tipo de hombres poco a poco desaparecerían, pero entre más conquistas agreguen a su lista, más se propagaran estos seres tan poco apreciables.

¿De verdad hay mejores?

Claro que los hay, pero a esos los eliges como mejores amigos o simplemente no los eliges. Por serios, por educados y formales (a algunas les aburren). Por preparados y trabajadores (odias que no te pueda dedicar todo su tiempo y que tenga prioridades). Por hogareños. Por tener sueños y aspiraciones (con su fantasear simplemente terminas llevándote mal, tú prefieres tan solo vivir). Por sensibles, románticos y detallistas (piensas que son como tu mejor amiga). A esos los rechazas. Les dices que algún día los llamaras y jamás lo haces (terminas comportándote como todo un hombre). Los ignoras y aunque hagan mil intentos o pretendan conquistarte con detalles tu terminas eligiendo al del montón (el que le hace honor a la frase ¨todos son iguales¨).

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Debo felicitar a los hombres que hacen las cosas bien. Los que para nada son unos patanes. Los que saben conquistar, valorar, enamorar y tener a una mujer. Los hombres que si saben el significado de la palabra fiel. Los hombres que son sinceros, nobles y de buen corazón. Aquellos a los que una minifalda no los hace perder la razón. Los hombres trabajadores que se esfuerzan y esmeran por cumplir sus sueños y metas. Los que ven a la mujer como lo más bello y no como un simple trofeo. ¡Claro que hay mejores! y no se trata de buscar, se trata de abrir más los ojos y cerrar el corazón y de que cuando llegue un hombre a nuestra vida estudiemos todas sus acciones y su trato y en base a ello elijamos si aceptarlo o no.

Mujer: es un tanto confuso porque hemos determinado que por un lado todos son iguales, pero ciertamente no lo son, la realidad es que terminan clasificándose ellos mismos en tres categorías, pero es tú decisión y de nadie más elegir a quien quieres en tu vida. No es que te hayan tocado así, es que tú los eliges. Ya basta de seguir un determinado patrón o estereotipo. ¡Ámate, valórate y respétate!

Todos podrán ser ¨iguales¨ pero tú puedes hacer la diferencia. Tú decides con quien estar y nadie más. Tú decides a quien le abres tu corazón. Tú decides por quien pierdes la razón, si por el igual, el peor o el mejor.

 

 Autor: Stepha Salcas

 

 

 



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