Que amarga sabe la decepción, cuando  la persona que más amas en el mundo te falla, sin duda no hay peor desconsuelo cuando quien debería protegerte te abandona, te deja solo.

Le  admiraba por encima de todos, me prometió que siempre estaría por mí y para mí, ese hombre me prometió estar siempre para defenderte, para cuidarte, para abrazarte, era él, el hombre al que adoraba llamarle papá.

niña

Cuanta fala me hizo cuando se marchó. Me dejo siendo una niña, justo en la etapa en que más lo necesitaba, (aunque siendo sinceros a un padre nunca dejas de necesitarle). Por mucho tiempo culpe a mi madre por no haberlo detenido, por no haber hecho más para que se quedara, pero fue gracias al tiempo y después de muchos años que entendí la realidad, mi madre era la menos culpable, fue él el que se marchó, fue él el que cambio el amor de su familia por una aventura que le duro apenas unos cuantos años.

  

 

A él le atribuyo mi inseguridad ante la vida, mis numerosas relaciones fallidas, mis tristezas, mi apatía  por los hombres buenos y es que es verdad que inconscientemente las mujeres buscamos casi siempre hombres similares a nuestros padres. Qué lastima que el mío  se caracterizara por ser cobarde, por aparecer solo de vez en cuando, solo cuando necesitaba algo.

Sé que suena inmaduro y patético culpar a alguien más de mis errores, tal vez suene más a reproche, pero como no culparlo por estar ausente, por  esos festivales en los que me sentía tan sola, con la mirada de mi madre entre la multitud tratando de suavizar mi pena, y yo siempre tan triste, tan enojada, tan desilusionada.

princesita

Como anhelaba ser como todas mis amigas, como anhelaba ser la princesa de papá, recibir sus besos, sus abrazos  e incluso sus regaños. Ser rebelde fue mi única opción, mi manera de rebelarme contra esta vida que odiaba, esta vida en donde no tenía el amor de papá.

Ahora ya más consciente, arrepentida por no haber comprendido el sufrimiento y la valentía de quien siempre estuvo a mi lado;  no encuentro el  modo de pedirle perdón. Ella que siempre tenía un clínex  secar mis lágrimas, ella que aguantó paciente mis disgustos, mis enojos, ella que siempre estuvo para curar mis heridas, ella  ese ser hermoso al que orgullosa le llamo mamá.

Aun me cuesta entender su entereza, su elegancia, su educación, su clase al negarse a hablar mal de él. “Es tu padre y siempre lo será” me decía.

princess

Al cabo de los años, aprendí a ser mi propia princesa, a cuidarme, a perdonarle. Por supuesto que lo quiero un poco, le deseo que le vaya bien,  pero nada parecido a ese amor genuino  que se ganan los padres amorosos, los padres responsables. Me duele un poco por él pues olvido que los  años no perdonan,  nunca entendió que cada quien cosecha lo que siembra, que tristemente él solo ha sembrado soledad.

 



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