Y mucho menos con otra.

Aún no sé qué es lo que falló entre nosotros. Siempre alardeaba delante de todos sobre nuestra genial relación. Hablaba de ti como si fueses la mejor persona que había conocido nunca. Yo te amaba, pero no como amas a esos amores de un día sí y un día no. Yo te amaba para toda la vida, para que fueses el padre de mis hijos y envejeciéramos juntos de la mano. Yo te quería tanto que a veces dolía.

Quizás te tenía tan idealizado que surgió en mí miedo a perderte, por eso era tan insegura conmigo misma y con todo lo demás y me ponía histérica cuando te veía sonreírle a otra chica. Por eso te necesitaba tantas horas a mi lado y escuchar un “te quiero” desde tu boca, porque me sentía realmente afortunada de tenerte a mi lado, y no sabía cuándo sería la última vez que podría escucharlo.

Puede que eso fuera lo que acabó con nosotros, mis infinitas ganas de ti, mi dependencia hacia tu persona y tenerte en un pedestal. Todo ello acabó por distanciarnos. Cada vez te sentía más lejos y tú te agobiabas más y las discusiones eran el pan de cada día. Como bien me dijiste un día: “yo soy de Marte y tú eres de Venus”, pero, cariño, no se le pueden cortar las alas al amor.

2

Posiblemente éramos demasiado jóvenes. Estábamos en etapas diferentes de la vida. Probablemente no estábamos hechos el uno para el otro o quizás yo no supe entenderte y tú no  supiste darme lo que yo necesitaba. Se nos gastó el amor de tanto utilizarlo.

Y por eso te dejé marchar. A pesar de quererte hasta el infinito y más allá, la vida nos puso a la misma distancia de huir que la de quedarnos para siempre.

Pasarán más personas por nuestras vidas, claro, pero yo seguiré queriéndote siempre.

 

Colaboración por: Cristina Esquiu i Llamas Kitten Brownie

 



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