No te quiero lejos de mí ni un solo día, porque las mañanas, al despertar, se vuelven vacías si no estás a mi lado en la cama; porque las tardes son demasiado tristes si no estás junto a mí para tomar el té o para ir al cine a ver una película que nos guste a los dos; y porque las noches son más oscuras que un cielo sin sol y sin estrellas si no te puedo hacer el amor. No te quiero lejos de mí ni un solo día, porque me invadirá el temor de que ese día se multiplique y se convierta en varios días, y esos días en semanas, y esas semanas en meses, y esos meses en años, y esos años en una eternidad, y que ya no vuelva a verte nunca más. Porque te quiero tanto que me cuesta despegarme de ti, y cada que tienes que salir, aunque sea a la tienda de la esquina, necesito darte un beso, como si en ese beso me llevaras contigo y no tuviéramos que separarnos ni un instante. No te quiero lejos de mí ni un solo día, porque siento que mi corazón se enferma sin tu presencia y mi alma llora si mis manos no pueden acariciar todo el tiempo tu cuerpo.

¡Qué doloroso silencio hay en la casa cuando tú no estás! Es porque tu amor está lejos de mí, haciendo sus cosas cotidianas, y yo con mi cotidiano dolor de no tenerte para mí día y noche. Como cuando sales con tus amigos y yo me quedo sola, en mi noche larga y fría, sola con mis pensamientos, mis pensamientos que sólo tienen un objeto: tú. Y no, no son celos lo que siento, no es miedo a que otro amor te robe de mi lado, pues yo confío en ti y en la fidelidad de tu cariño hacia mí. Es otra cosa, es una angustia por no tenerte a cada hora, a cada minuto, a cada segundo, como si te necesitara cosido a mí para que, fueras a donde fueras, pudieras llevarme y yo pudiera acompañarte. Y mientras tú estás con el barbero, yo estar besándote la espalda; mientras tú caminas rumbo a tu destino, yo tomarte de la mano; mientras tú platicas con tus amistades, yo acariciar tu cabello frondoso, olerlo y perderme en su aroma fresco y varonil. No pido mucho, sólo estar unida a ti por el resto de nuestros días, ser carne de tu carne, huesos de tus huesos, andar de tus andares.

¡Por Dios, sé que es una locura! ¿Acaso merezco ir al manicomio? Yo sé, mi amor, que necesitas tu espacio, y que es sano que haya momentos en los que no nos veamos por, quizás, un día, o dos, o incluso una semana para descansar el uno del otro. Créeme, estoy consciente de ello y de lo saludable que es para una relación que los miembros de la pareja disfruten también de sus momentos de soledad. Pero es que, rayos, simplemente no puedo estar ni un minuto sin ti, sin respirar tu aliento, sin mirar esos ojos hipnóticos, sin escuchar esa voz que tanto me encanta. Dime tú, por favor, dímelo, ¿estoy bien o estoy mal queriéndote de esa forma tan intensa? ¿Qué puedo hacer? ¡Ayúdame, amor mío!



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