Te quiero amar con un amor maduro. Ese amor que sobrevive a la caducidad. No quiero un amor romántico, ese que es intenso pero pasajero, como una estrella fugaz. Quiero un amor constante, que fluya permanentemente, que no deje de obsequiarme sonrisas y alegrías cada día. El amor romántico AMA PORQUE NECESITA, pero es tan fogoso que se derrite en sus altas temperaturas. El amor maduro NECESITA PORQUE AMA, es decir, pone el amor en primer plano (no la necesidad), y es por ello que perdura y es capaz de sobrevivir a toda clase de obstáculos, porque el amor es poderoso de por sí.

Quiero un amor que se alimente de comprensión y respeto cada día, que tú y yo lo construyamos conforme nos vayamos conociendo, día a día, a partir de las experiencias que nos vayan aconteciendo. Te quiero amar plenamente, sin obsesiones, sin ansiedad, sin urgencia por tenerte a mi lado a cada momento, sin celos. Y aquí cabe hacer una distinción muy importante: no es lo mismo estar enamorado que amar. El que está enamorado es carcomido por esas ansias de poseer a la pareja, de estar con ella a toda costa, no puede pensar en otra cosa que no sea el objeto de su amor, se vuelve loco por ella y generalmente se le nublan los sentidos en una especie de locura temporal socialmente aceptada. Ojo, dije temporal. Porque todo enamoramiento es pasajero. Nadie dura enamorado toda una vida; se puede ser enamoradizo toda la vida, es decir, enamorarse muchas veces a lo largo de la existencia, pero es imposible permanecer enamorado de la misma persona durante 10, 20, 30 años o más. Sencillamente el cuerpo y la mente no soportarían tal grado de desbalance químico y hormonal. Las parejas que duran mucho tiempo juntas y que son felices no lo son porque estén enamoradas, sino porque se aman. He ahí la diferencia. El amor es totalmente diferente al enamoramiento. El amor, y me refiero al amor auténtico, no es una emoción, es un conjunto de sentimientos, lazos y afectos que te unen a una persona, y ese conjunto no surge de la nada, ni a primera vista, antes bien se construye día a día y con la voluntad de ambos miembros de la pareja.

Por eso, yo no quiero estar enamorada de ti. Yo quiero amarte. Amarte auténticamente, con madurez. Amarte con lealtad, con respeto, sin infidelidades, sin engaños, sin traiciones. Sé que no soy una persona perfecta, pero sé que soy perfectible, como cualquiera, y estoy dispuesta a hacer una revisión de mis errores y defectos para corregirlos, todo con tal de ser una mejor persona para ti, por nuestro bien y el de nuestra relación. Quiero un amor maduro, donde los resentimientos, el rencor, la apatía y el odio estén ausentes.

No, mi amor, no te amo porque te necesito. No quiero anteponer la necesidad al amor. No te necesito porque yo estoy completa y soy plena conmigo misma. Tengo una fuerte autoestima y una verdadera confianza en mí misma y puedo decir que no necesito de nadie, de ti ni de nadie para ser feliz. Y, oye, eso está bien. Quiero que en tu caso sea igual, que tú estés pleno, que estés completo, que no busques a una media naranja, sino que seamos naranjas completas que deciden rodar juntas por ahí. No te amo porque te necesito. Antes bien, te necesito porque te amo. Sí, quiero que el amor sea la base de nuestra relación. Amarte es más importante que necesitarte. Y si tú decides amarme como yo lo hago, ¡qué dicha!, ¡qué felicidad!



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