Tú que creías que yo era la dejada, la débil, la frágil… no, mi niño, jamás.

Yo soy de las que se levantan si se caen, y no me gusta andarme escondiendo detrás de las faldas de mamá, yo afronto y doy la cara.

No estoy aquí para soportar injusticias, menos de un machista que se cree la divina joya como tú. A mí no me contentas con respuestas tontas, yo exijo explicaciones serias, y si no me las dan, voy y las busco.

Ni tú ni nadie me van a impedir volar alto, porque soy valiente, pues por eso tengo un par de ovarios bien puestos y creo incluso que tengo más pantalones que tú. Si algo no me gusta, lo digo en voz alta, y no sólo eso, sino que peleo con todas mis fuerzas si me molestan o me atacan, no soy una niña tímida y dejada que a todo dice que sí. Nunca me rindo. Yo no vine a este mundo a sufrir sino a gozar, y no voy a permitir que idiotas como tú me hagan la vida miserable.

 

No te necesito para nada, tú no eres mi complemento, porque yo nací entera, todo aquello que creí que me faltaba en realidad siempre estuvo dentro de mí. Si antes de conocerte hubiera tenido un poco de autoestima, de amor propio, no hubiera tenido que tolerarte todo este tiempo, aguantar tu maltrato, tu falta de cariño, tus exigencias que no devolvían nada a cambio. Pero ya no más. Hoy me valoro y me respeto lo suficiente como para decirte que te vayas al carajo.

Te conozco bien, y sé que a veces tratas de manipularme, fingiendo que te disculpas. Entonces me dices que te perdone, que yo soy la mujer de tu vida y que no sabes qué harías sin mí. Lo siento, cariño, pero yo no soy la mujer de tu vida, soy la mujer de mi vida y sólo a mi me pertenezco. Asumo la responsabilidad de mi propia felicidad, de mis tristezas, de mis alegrías, de mis fracasos y de mis triunfos. Yo decido mi camino, y ahora quiero seguir adelante, como una mujer plena, porque soy la mujer de mi vida, no de la tuya.

Autor intelectual: Katherine Silvera



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