¨Un día amé tanto que a dicha persona no le cupo tanto amor en las manos y decidió que tirar mi corazón era lo mejor. No le importó hacerlo trizas. Y yo no tuve más opción, junté cada pedazo y lo armé nuevamente, desde entonces me prohibí que alguien volviera a entrar a mi mente. Por eso es que me juzga la gente y me señalan como ¨fría¨, sin saber que un día amé y aun continúo rota pero de pie. Deberían llamarme ¡valiente!¨

Es curioso como las personas son capaces de juzgar tan fácilmente pero son incapaces de hurgar un poquito en la vida que han decidido criticar y conocer realmente que hay detrás. Y es que las personas más señaladas son aquellas a las que les cuesta trabajo demostrar sus sentimientos. Aquellas que no fácilmente sonríen o que no muestran alguna emoción. Aquellas a las que les es muy difícil abrir o dejar entrar a alguien a su corazón. Las que no con cualquier cosa o persona suelen perder la razón.

¡Ésta es mi historia! Y sé que como muchas en algún momento tuvimos ilusiones y sueños de a montones y alguien despiadadamente decidió romper nuestro corazón. No le importó estar en él, simplemente decidió enamorarlo y de la nada dejarlo. Se marchó pintando aquel mundo de colores que él nos creó en gris. Nos dejó sin ganas de sonreír, sin la ilusión o la esperanza de volver a ser feliz.

Creo firmemente que el tiempo todo lo cura. Pero en ocasiones quedan cicatrices que duelen y con un poco que las tienten sangran nuevamente. Gracias al transcurso del calendario he podido ponerme nuevamente de pie. ¡No fue fácil! Pero lo logré. Armé aquel corazón que un día entregué y sé que poco a poco lo reconstruiré y es que aún quedan pequeños pozos que yo misma llenaré.

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Y es que ya no soy de las que esperan que hagan algo por ellas, porque aprendí que nadie hará por mí lo que yo misma no haga

Y sé que a veces suele parecer que nada me importa, pero eso no es así. Me volví fría por fuera pero mi corazón continúa siendo cálido. Continúo teniendo un alma bondadosa y noble. Continúo con un puñado de sueños e ilusiones pero escondidas en mi interior. Ahora nada es como antes, ahora no tan sencilla y fácilmente he de entregar amor. Y es que si algo aprendí es que no todos merecen ser amados, solo aquellos que demuestran saber amar en la misma proporción de lo que se le da.

No puedo ni quiero culpar a nadie. Han sido mis errores y he asumido las consecuencias de mis actos. He creído amar tanto sin saber que primero debía amarme a mí misma y no recibir menos de lo que yo ofrecía, tampoco conformarme. Y aun a pesar del daño puedo decir que no me arrepiento de entregarme. Porque descubrí lo valiosa que soy y la gran capacidad que tengo de amar. Me gusta ser el tipo de mujer que no se da a medias, que entrega todo a manos llenas. ¡Si, lo sé, por eso he salido lastimada!

Pero cada herida me ha hecho más fuerte y cada cicatriz me recuerda que he sido valiente.

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Además sé que no todos los amores son iguales. Y finalmente no es el amor el que falla sino las personas. Por eso creé un muro en mi corazón y sé que a quien de verdad le interese logrará derribarlo, pero por el momento prefiero continuar sola. Prefiero sanarme yo y no atribuirle dicha labor a alguien más, pues así lograré valorarme aún más. Solo así me conoceré y sabré lo que merezco como mujer.

Aunque ahora estoy de pie, hay noches que aún me da por recordar. Recordar cuanto amé y cuanto me fallaron. Cuantas veces me fallé a mí misma por no fallarle a alguien más. Cuantas veces me traicioné y dije ¡ya no más! pero volví a caer una y otra vez hasta romperme. La gente me señala como insensible, pero ellos no se han colado a mi habitación y han visto como en mi almohada caen un montón de lágrimas. Como se me desgarra aun el corazón cuando pienso en aquella caricia o aquel beso mal correspondido, aquellas noches acompañada pero sintiendo tanto frío, aquellas frases tan vacías que me decían y que de tonta creía.

¡Nadie vio verme caer del cielo en el que estuve cuando amé, es fácil juzgar pero nadie vio cuanto me costó ponerme de pie!

Pero lo importante soy yo. Y sé que lo principal es cuidar de mi corazón. Ya no lo entregaré tan fácilmente. Ya no he de enamorarme de las palabras sino de los actos mismos. Ya no he de ser yo la que conquista, la que enamora y la que se entrega. El día que decida volver a amar será porque me ofrecen todo a manos llenas y es que ¡yo lo valgo! Hoy lo sé, hoy lo tengo muy claro.

Esa frialdad que la gente dice no es más que un resguardo. ¡Ya no expondré más mis sentimientos! La seguridad que ha adquirido mi persona no me lo permite. No puedo dejar de recordar mis cicatrices. Aquel inmenso dolor que alguien me dejó. Sigo rota pero con la ilusión vagabunda de algún día abrir las puertas de mi corazón de par en par y dejar entrar a alguien que demuestre que me ama de verdad. Pero por hoy prefiero continuar como la mujer que dicen: ¡fría!, ignorando que lo que tengo es un millón de cicatrices.

Y a quien me demuestre amar conocerá a la mujer que realmente soy, una mujer que ama con loca pasión. Que se entrega, que vive y que sueña. Una mujer que es capaz de dar todo a manos llenas, que nunca, pero nunca ama a medias. Una mujer sincera, una mujer valiente, una mujer completa.

Autor: Stepha Salcas

 

 

 



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