Después de tanto meditarlo pude darme cuanta que en esta historia no fui el único que involucraste la traición, sino que sin darme cuenta yo misma me traicione, yo misma me puse la soga en el cuello enamorándome de ti.

En un principio al darme cuenta que mis ojos ya solo querían mirarte a ti, que mis manos no deseaban otra piel que no fuera la tuya, que mi corazón seguía latiendo para ti, en fin, cuando me di cuenta que estaba enamorada de ti pensé que estaba haciendo lo correcto, que dejar entrar este sentimiento era bueno para mí. Me equivoque en pensar que el tenerte a mi lado había sido lo mejor que me había pasado en toda mi vida; me equivoque en pensar que compartir mi vida contigo era la mejor inversión que estaba haciendo con mi tiempo, pero después desperté de ese sueño que era muy parecido a la realidad, mis sentidos se recobraron y mi mente pudo por fin reunir las piezas del rompecabezas para darse cuenta que yo misma me mentía y traicionaba a mi corazón.

No solo tú tuviste que ver con la destrucción de mis sentimientos; no fuiste el único que me lastimó porque yo misma lo hice. Yo misma coloque el arma en mi cabeza y disparé. Me destruiste y yo fui tu complice, lo fui porque sabía lo que tramabas y seguía siendo parte de tu juego manteniendo cerrados los ojos para no ver la realidad que se encontraba a mi lado, en mis manos; no quería darme cuenta de la verdad.

tengo razón en decir que fuiste tú quien jugó con mis sentimientos y sin remordimiento tomó mi corazón en sus manos y sin piedad comenzó a producirle uno de los peores dolores que el hombre puede experimentar, pero también es cierto que pudiste hacerlo porque yo lo puse a tu alcance, porque yo fui quien abrió las puertas para que pudieras entrar en mí y lo tomarás; fui yo quien te dio el pase para destruirme.

Esta es la historia de un desamor. Es una historia que sigo contando por las calles pretendiendo no ser yo la protagonista, pretendiendo que lo leí por ahí sin conocer el nombre del autor. Ahora esa historia puede reflejarse en mis ojos y ser contada en cualquier momento. Pero, solo tú y yo sabemos la verdad; solo tú y yo sabemos que esa historia fue escrita por nosotros dos, no la planeamos, fue tan espontánea como las lagrimas que cada noche derramaba cuando llegamos al punto final.

Cosiste mis alas para que pudiera elevarme con cada una de las palabras que soplabas cerca de mis oídos, pero pasado un tiempo, cuando yo me encontraba en lo más alto te acercaste y de nuevo las arrancaste. Me hiciste caer, y mientras lo hacía la venda que llevaba en mis ojos se desvaneció y pude ver que la caída dolería; pude ver que no estarías más a mi lado, que de hecho… jamás lo estuviste.



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