Nadie esta asegurado, nadie es intocable; tal vez esa debería de ser una verdad universal, esa debería ser la única verdad que deba de estar tatuada en el cuerpo, para poder verla siempre antes de enamorarse y aún sin poder evitar el amor entonces por lo menos siempre tenerla en cuenta y a la vista para no caer en fantasías. A veces me miento para hacerme creer que ese sabor a fresa en tus labios es mío, para hacerme creer que ese perfume a flores es el que yo te regale, pero al girar la rueda puedo ver que nada es cierto, que no es más que un suspiro bajo esta tormenta eterna.

Tú que me mientes y me lo niegas, yo la que no cree lo que sucede, la que no cree que nada es verdad, tantas veces que vas y vienes; me miras y me dices que nunca te has ido. Nadie es para siempre, no hay ninguna clausula de pertenencia y me duele aceptarlo, no quisiera tener que darme cuenta porque preferiría seguir enamorada como una estúpida sin necesidad de saber la verdad, eso duele y quema. ¿Quién me dice su fui yo? Debí saberlo desde un principio, debí imaginarlo desde el primer momento en el que miraste sobre tu hombro y no era yo quien iba pasando. 

Nada es para siempre, nada se tiene asegurado más que el final inevitable, no sirve amar, no sirve darlo todo en un segundo, no funciona dedicar belleza y tiempo, mucho menos la ofrenda del cuerpo, la piel que me quite tantas veces, las veces que desnude el ser para ti, no me ha servido ser fiel a mis sentimientos pues ahora que más necesito de una respuesta, ahora que más necesitaría de ti… hoy te vas y me dejas saber que es mi responsabilidad. 

A veces me culpo y me pido disculpas, a veces me las doy y otras muchas veces no, como perdonar la persona que me hizo sufrir tanto, que me partió el corazón y se lo dio de comer a los gatos, no puedo y no quiero. Poco a poco me voy enterando y entre más lo pienso me voy dando cuenta que no soy yo, no podría crear tanto odio hacia un humano, no podría ser yo quien me hiciera eso, tienes que ser tú y sé que eres tú.



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