Las despedidas que nos presenta la vida no son sino una parte de la misma selección natural, aquella que se encarga de purgar a esas personas que no hacen sino quitarnos el jugo de nuestras vidas: nuestro tiempo, es común el sentirnos afligidos al ver a las personas partir lejos, eso es porque nosotros si que les quisimos, pero eso no quiere decir que el sentimiento fuera reciproco, es por eso que no tiene caso culparse a uno mismo cuando estas segura de que diste lo mejor de ti.

Esa es precisamente la razón por la cual siempre me esfuerzo al máximo, esa es la razón por la cual me aferro a dar lo mejor aun cuando no recibo nada a cambio, no es porque tenga mucha esperanza en que la otra persona cambie, es más bien para tener la tranquilidad de que hice todo lo que podía cuando llegue la hora de marcharse, de esa manera no me siento tentada a voltear atrás, sé que nada me deje, sé que era inevitable que las cosas terminarán así.

No soy perfecta ni mucho menos, todos tenemos un lado obscuro con el cual tenemos que lidiar de vez en vez, pero he luchado con mis demonios muchas veces, con aquella versión de mí que en muchos casos se torna insoportable, acepto esa oscuridad que tengo, pero no le permito que tome el control, es por eso que sé que puedo ser fuerte ante cualquier situación, porque no hay peor enemigo que aquel que se lleva por dentro, pero yo lo he derrotado en cada ocasión que se ha querido oponer a mí.

Es inevitable que algunas personas se vayan, así como llegan algunas nuevas otras se tienen que ir, de cualquier manera esos espacios vacíos que dejan aquellos que se marcharon son precisamente el lugar que ocuparan los que algún día llegaran, no se puede avanzar si se mantiene la vista atrás, para poder seguir adelante hay que aprender a soltar, es por eso que siempre busco dar lo mejor de mí, y no han sido pocos los que se han arrepentido de haberse marchado, y es precisamente el tener la certeza de haber dado lo mejor de mi aquello que me da la fuerza para rechazarles cuando me piden volver, porque estoy segura de que si funciona o no dependerá de ellos y no de mí y no creo que las personas sean capaces de cambiar de la noche a la mañana.

Es precisamente esta forma de ser, aquella que me convence de que todos aquellos que se fueron son los que terminaron perdiendo, por eso siempre que alguien decide partir le abro la puerta con una sonrisa, en el fondo sé que “No perdí a nadie, me perdieron a mí”.

Autor: Sunky



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