No soy la única, miles vivimos sin saber que nos depara el destino, muchos vivimos corriendo sin encontrar el final del camino, ya no tengo miedo, ya no tengo el corazón latiendo fuerte, ya no estoy agitada por la distancia; me han vencido. No es que este cansada, es que ya no quiero correr incluso puedo decir que ya tengo condición pero el camino nunca cambia sin importar las puertas, los adornos y la publicidad que den; nada cambia.

Estoy harta, agotada, enfadad y peor a eso estoy desinteresada, la monotonía de la problemática me gano, pudo más conmigo que todo el ímpetu de la juventud, ya no tengo opinión que me haga valer entre todos los que tienen una, ya no tengo una voz que se alza cuando nos han tapado los labios, ya no tengo una mano que se levanta para pedir y aclamar. Me quedo con las oraciones, me quedo con las plegarías que elevo al cielo mientras me acuesto en el suelo. Se dice fácil, se cree sencillo; decir que somos muchos y al voltear ver que no hay nadie, que todos tienen miedo y los que en verdad dejaron de sentirlo ya ni siquiera están aquí contigo o conmigo. 

No hay sacrificio, no hay misericordia para el que en verdad se sienta abatido, ya no importan los ritos de amistad ni de amabilidad, la vida es larga y llega a castigar. Elevo mis plegarías con los ojos bien abiertos mirando al cielo, busco la ayuda entre las nubes que encandilan mi esperanza, no creo poder con esto y sin saberlo no voy a poder rendirme jamás. Porque ya esta en mí implantado como un código, tengo que quejarme e intentarlo todo antes de rendirme. 

No importa cuan perdida, no importa cuan desesperada, lo que importa es que en realidad no estoy sola, aunque me olvide de ello, aunque en realidad así sea muchas veces pero sea como sea siempre abra alguien que me de la mano para poder levantarnos juntos.



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