La ansiedad no es cosa de broma. Es un problema serio que no tiene nada que ver con andar acelerado todo el tiempo o querer que todo suceda de prisa. No, no es cuestión de hacer todo más rápido ni de tener antojos irresistibles. La ansiedad es un trastorno mental que afecta a miles de personas alrededor del mundo. Y se le llama trastorno porque verdaderamente trastorna tu vida diaria. Y, por favor, no creas que es sólo cosa de voluntad: no, la ansiedad no se puede controlar.

Lo peor que puedes hacer es decirme que me calme, porque al tener ansiedad estoy compitiendo contra mi propia mente y es una lucha muy difícil de sobrellevar. Comprende que todo el tiempo estoy preocupado por el futuro y necesito planificarlo todo para que nada salga mal. Comprende que en ocasiones necesito mi espacio, así que, si te pido que me dejes sola, hazlo, por favor, porque la presencia de personas podría ponerme más ansiosa.

La ansiedad no sólo es “cosa de nervios”. Así que no puedes venir y decirme “oye, cálmate”, como si fuera tan fácil callar mi mente y no pensar en nada. Créeme que, si pudiera, sería la primera en calmarme, pero lo que tengo es un trastorno y no lo puedo controlar, pues es como si le dijeras a alguien que tiene una infección que no tenga fiebre.

Comprende que, en vez de que me digas que me calme, necesito de tu comprensión, de tu apoyo y de tu cariño. Cuando estoy ansiosa, te necesito más que nunca. Un abrazo, una palabra de aliento, todo me es de utilidad, menos que me trates como si estuviera exagerando. Ayúdame a sentir que las cosas no están tan mal como yo las veo. Dime que todo va a estar bien, que estás a mi lado, que tú me cuidarás. Tenme mucha paciencia, no te agobies cuando te diga que no lo soporto más, pues hay veces que tengo lapsos de crisis y me puedo poner muy mal: ahí es cuando más necesito de ti.

No me pidas que me calme porque lo único que lograrás será incrementar mi ansiedad, ya que sentiré la presión de tener que calmarme y eso me pondrá más nerviosa. Mejor toma mi mano y dime: “aquí estoy”. Aunque parezca que no sirve de mucho, en el fondo ayuda demasiado y poco a poco iré recuperando la tranquilidad.

Te pido que te pongas en mi lugar por un momento. Imagina que tu mente te está atacando con mil pensamientos ansiosos a la vez y todo tu mundo parece un lugar hostil, y de repente alguien te dice, así de fácil, que te calmes. ¿Qué pensarías? ¿Qué le dirías a esa persona? Seguro te molestarías, ¿no? Claro, porque te haría sentir que no te comprende, que te juzga de exagerado e incluso te haría sentir más ansiedad. Pues así me siento yo cuando me pides que me calme.

Te pido que me escuches, que me comprendas y que me apoyes cuando yo esté ansiosa. No me digas que me calme, ayúdame a calmarme con tu presencia y con tus brazos cariñosos.

Te lo agradeceré bastante.

Y mi mente también.



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