Durante el primer mes pase la etapa del llanto y la tristeza, la cual podía estar horas llorando o minutos para encontrar respuestas del ¿por que lo hiciste? ¿Porque habíamos terminado así?, pero eso jamás sucedió y tu llegada se hizo más tarde.

Después en el segundo mes me tocó la furia, el enojo y tenerte un resentimiento, ante todo, te odiaba e incluso llegue a desear jamás acerté conocido, pero solo eran por momentos ya que todo eso hacían que en algún momento te quisiera tanto. Te idealiza como jamás avía pensado, ya que había días que solo quería saber lo muy feliz que fui al principio contigo. En todo momento quise hablarte, verte e incluso un absurdo mensaje me fuera hecho tan feliz, pero jamás paso e incluso las veces que trate de reencontrarnos con absurdos temas tu jamás me respondiste. También esa ya pasó. La etapa que más recuerdo y que a veces a un me sigue es donde me he culpado de lo ocurrido, donde hemos discutido y juré no volver a hablarte.

Pero la etapa que aún persiste y que hoy quiero dejar de lado es negación, puede ser que allá durado más en este trance debido que aún sigo apegada a ti esperando el día que llegues, sólo para darme cuenta de que yo ya te perdí hace tiempo.

Disculpa sé que también la has pasado a medias los momentos, que se te pudo ser difícil verme e incluso ver eso mensajes sin así no creo poder entender por qué pasó, aún sigue los mensajes sin responder, pero me alegro de ella ya que sería difícil seguir adelante de lo contrario.

No ha sido fácil el asimilar que terminamos. Hay días donde me encuentro bien, donde no te extraño e incluso me cuestiono si de verdad todavía te quiero, hay días maravillosos y tú no estás presente ni en mente. Adoro esos días. Pero luego vuelves y sigo estando bien, por un tiempo, después el tenerte presente sin tenerte completamente, comienza a enloquecerme, regreso a los porqués, a las culpas, a los recuerdos más dolorosos y a las discusiones que no llevan a ninguna parte.

He perdido la cuenta de las veces en que pensé “Es el fin, ahora sí se acabó todo”. Y no, no ha sido el fin, sigues volviendo a mi mente y en ocasiones debo decirte sin esperanzas de nada, sin ganas, más por costumbre, por anhelo de un “nosotros”, que se transformaron en mi infierno.

Existen muchas noches en las cuales me descubro cuestionándome ¿Por qué no me dejas ir por completo? ¿Por qué no te dejo ir del todo? ¿Por qué no nos dejamos ir? Fue ahí donde supe lo inmadura que fui en nuestra relación, que al final a ti te toco madurar de la manera más dolorosa y solo por eso he decidido decirte adiós.

Por: Raquel Ruby Sánchez



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