No fue fácil decirte adiós, me tomó toda la voluntad del mundo cerrar las puertas de mi corazón y sacarte, no de mi vida, sino de mi mente, en donde gobernabas cada rincón de mi ser, donde dominabas cada uno de mis sentimientos.

No…definitivamente no fue fácil despedirme de ese pedazo de vida que me partió en dos, que destruyó mi voluntad y las ganas de seguir adelante, que con cada paso que daba algo dentro de mí se desgarraba, que había pisoteado mi corazón hasta que simplemente quedaron las cenizas, no, no lo fue, y por cada segundo que pasaba sin tenerlo cerca, sentía como me asfixiaba, me ahogaba en dolor y me consumía como si de una llama ardiente se tratase, quizás, porque así fuiste, amor, un volcán en erupción que se llevó todo a su paso, en este caso, mi vida, dejándoles en negras cenizas.

No podía despedirme de ti, no de tu cuerpo que me ha abandonado desde hacía tanto tiempo, sino, de ese hombre que se negaba salirse de mi corazón, de esa sonrisa que una vez se tomó la molestia de conquistarme, de su voz que sin ningún esfuerzo me enamoraba cada día, del brillo avellano en sus ojos, de sus besos y sus abrazos, pero en especial de su recuerdo, de su maldito recuerdo que me espantaba no solo por las noches sino también por los días, condenándome a una miseria provocada por el amor que aún no se dejaba consumir por las llamas.

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Sin embargo, un día comprendí que todo el amor que te profesaba era un simple reflejo del poco amor que me tenía y  darme cuenta de eso, no, entender que yo valgo mucho más que un mal amor, fue quizás, el primer paso, el más difícil, para poder despedirme de ti,

Tu recuerdo aún vaga en mis pensamientos, el corazón aún se me sale del pecho y siento como todos los días  tu fantasma lucha por apoderarse de mi cordura y no, no fue para nada fácil, me tomó muchas noches de llanto, muchas madrugadas de desvelos y muchas pláticas ocasionales “solo para saber un poco de ti” para poder decirte adiós.

Y no, mis sentimientos no han cambiado por ti, pero mi mente y mucho más importante, mi corazón han llegado a un acuerdo mutuo: Tú ya no perteneces aquí.

No…

Tú nunca perteneciste aquí.

Por: Abby Luna



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