Teníamos un fuerte e inquebrantable contrato, obvio es un decir, pues jamás firmamos nada, pero la confianza que nos teníamos bastaba para no romper el acuerdo. Las reglas eran sencillas, pues todo valía, excepto enamorarse… teníamos completa y rotundamente prohibido enamorarnos.

Sí, tal como lo imaginas, hablo de mí relación con mi amigo con derechos, no era mi novio aunque pareciera, siempre tiernos, siempre atento y cariñoso, pero no era mi novio, era mi amigo con derecho, así lo decidimos y estaba perfecto.

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Ninguno tenía compromiso con el otro, teníamos nuestros hermosos y candentes encuentros de colchón, eso sí, prometimos no involucrarnos carnalmente con nadie más, y solo por cuestiones de seguridad, no de contratos de exclusividad ni nada de eso, meramente seguridad y salud.

La relación fue perfecta, cerca de 6 meses fuimos los mejores amigos que terminaban sus fiestas en la misma cama, hasta que en uno de esos encuentros, cuando aún estaba en sus brazos s eme ocurrió preguntarle si había estado con alguien más aun estando en lo nuestro, me dijo que no, pero curiosamente fue la última vez que lo vi, sin dramáticas despedidas, solo hizo bolita nuestra amistad, -y lo otro también- y lo echó a la basura. Después de todo eran las reglas ¿no?, y yo las rompí se dio cuenta que me enamoré y sin más me dejó.

Bien me lo dijo mi amiga, “estás jugando con fuego, eso de no sentir nada no es cierto, alguno de los dos va a terminar con el corazón roto”… y fui yo. Estaba convencida que si podíamos, aunque mi interior lo que verdaderamente pensaba es que tarde o temprano lo iba a enamorar, que le iba a robar un te amo de sus labios, y que por fin le pondríamos título a la historia. Pero no, no fue así, se fue, él sí cumplió el acuerdo y se llevó mi corazón, roto, pero selo llevo.

Después de varios meses de no saber de él, un día que mi amiga y yo fuimos a la plaza, lo vi, sentí que el mundo se paralizo alrededor, es más, todo se borró, solo lo veía a él, mi corazón se detuvo, y mis piernas se hicieron como de gelatina, le dije a mi amiga que iba a acercarme, solo para saludarlo, y entonces, un golpe bajo a mis sentimientos, un KO, di lona cuando la besó, iba con su novia.

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Aunque me destroce de nueva cuenta, por fin pude entender porque no se quedó conmigo, puede ver como la miraba, a ella sí la miraba enamorado, a mí no, pese a que nuestra historia fue extrañamente hermosa, y siempre dio lo mejor de sí cuando estaba conmigo, a mi nunca me miro así.

Indudablemente me equivoque, pero aún más erróneo es eso de “amigos con derechos”, Créeme, no existe, tarde o temprano uno de los dos termina revolviendo todo y sale con el corazón roto.



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