No estás, eso se nota con sólo mirar al cielo, se ha nublado, las nubes grises volvieron cuando tú te fuiste, no hace falta que me recuerdes la razón de tu partida, para mí no hay razón suficiente aunque para ti, estas hayan sobrado.

Tú te has ido y supongo que disfrutas de tu decisión, por lo meno eso espero, pues sería un gran desperdicio que lamentarás tu adió. Yo por otra parte me parto en dos, las lágrimas lograron hacer un gran surco en mi corazón y se rompe. La piel ya se me agrietó y eso es porque la sal de mi llanto es mucha y seco mi manto humano, soy como un desierto,

Lástima que por menos que yo quiera que las cosas sean así, todo esto es cierto.

Las paredes de mi cuarto se cierran, esta habitación se vuelve pequeña, ya no cabemos mi tristeza y yo, ella me pregunta a dónde has ido, ¿Qué le digo? A veces no tengo respuesta para todo, no siempre puedo responder o corresponder, eso es algo que aprendí a tu lado. Aunque hoy, ya no hay nada que aprender, porque ya no estas. No hay algo útil para lo que sirvan mis recuerdos, te vuelves cruel, porque no das tu brazo a torcer.

Decidiste no llevarme, pero tengo que decir, aunque no te parezca y aunque no quieras, debo decir que me hacen falta tus brazos, me hace falta ese abrigo tibio que encontraba en tus abrazos, te has ido muy lejos, el casi negro en el cielo me deja saberlo.

Dondequiera que estés voy a gritarte, voy a ser franca y con el alma en las manos gritaré lo que me duele extrañarte, que yo soy la victima y tu partida no cuenta si no conteste a tu despedida.



     Compartir         Compartir