Lo que la oruga llama el fin, el resto del mundo le llama mariposa.
-Lao Tzu

 

 

Todos, en algún momento de nuestras vidas, nos hemos encontrado con la necesidad de poner un fin; en lo personal, no me gustan los finales y creo que a la mayoría les pasa igual. Nunca me he llevado bien con ellos, me ponen nostálgica o me domina el miedo.Pero lamentarse por las cosas que terminan, no sirve de nada. Compadecerse, me refiero, es inútil y más bien, una pérdida de tiempo. Una de las reglas de la vida es que todo, absolutamente todo, tiene un final y para ella, no hay excepciones.

Cuando estamos tan enganchados con alguien,o con alguna situación, es difícil imaginar cómo continuar con nuestra vida sin esa persona, nos asustan las consecuencias. Quisiéramos que las cosas fueran eternas, pero si somos realistas, eso le restaría intensidad a la vida, las convertiría en bienes de poco valor y sería muy difícil encontrarle la gracia.

Además, hay finales que siempre serán necesarios, aquéllos donde no encontramos otra salida para terminar con el dolor o el sufrimiento, que nos impiden progresar como persona, como una amistad tóxica, una relación romántica llena de infidelidades que nos hace daño, un objetivo que ya no nos interesa o un compromiso que ha dejado de tener sentido.

Aveces, también nos cuesta abandonar relaciones destructivas, por muy conscientes que seamos de ellas; no tenemos la habilidad necesaria para afrontar la pérdida o la separación, porque el simple hecho de saber el final de algo, nos hace daño.

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Y lo único que existe detrás de estas razones, es el miedo y una tremenda inseguridad: miedo a la tristeza, a la soledad, a la confrontación, a lo desconocido, a herir a otra persona o, simplemente, porque nos falta valor o las palabras adecuadas en el momento de terminar.

La mayoría de nosotros hemos pasado por ahí. Probablemente, todos! Hemos vivido finales necesarios, y aveces, muy dolorosos. Pero son esos finales, que nos permiten movernos de una etapa a otra.

Y además de necesario, es algo natural. Como ocurre con las estaciones del año; termina un ciclo y empieza uno nuevo.

Claro, no todos los finales son iguales. Si así fuera, no habríamos necesitado tantas palabras y expresiones para despedirnos. No existiría diferencia entre un “adiós” y un “hasta luego”. Entre un “hasta pronto” y un “hasta siempre”. No habría diferencia entre un “te voy a extrañar” y un “vete a la mierda”. Porque aunque todos los finales tengan algo de definitivos, vivimos muchos, muchísimos, en los que aun cabe la posibilidad de volver a vernos. De encontrarnos por ahí, de casualidad con toda la intención.

Son esos que nos dejan ganas de volver a pisar el lugar donde fuimos felices. Y sobre todo, los que nunca se borrarán de nuestra memoria. Esos que nos dejan el buen sabor de haber vivido intensamente y que sólo terminan cuando se extinguen nuestros recuerdos.

No hay que ser tan drásticos con los finales, ellos nos abren un lugar en el mundo. Y todas las personas que han pasado por nuestra vida ocuparán siempre un lugar importante. Sin esos finales, nunca habríamos encontrado el camino para llegar hasta aquí, donde estamos ahora. Todo final tiene un sacrificio, pero nos da la oportunidad de comenzar una nueva etapa, nos ofrece la justicia de que lleguen nuevas personas a nuestra vida.

Cuando nacen los principios, también hay sitio para la ilusión y la esperanza. Y que nos hagan sentir temerosos por la incertidumbre del futuro, sólo depende de nosotros, de nuestra voluntad de caminar mirando de frente el camino y no lo que dejamos atrás. Pero hay que mirar de frente, no con cualquier actitud, sino con la actitud de quien ha tenido la suerte de dejar atrás un sendero que terminará llevándonos a nuevos y mejores horizontes. Agradeciendo la experiencia, porque nos da el valor, la fuerza y la confianza de enfrentarnos a lo nuevo.

Los finales, el nuestro propio, nos ofrecen un criterio para distinguir, entre todo lo que nos rodea, aquello que es bueno y lo que no. Así que estoy a favor de los comienzos, aunque duelan, aunque estén predestinados a convertirse en finales. Creo que no importa de qué manera acaben y por qué, la única razón a tener en cuenta es que empezaron.

 

Cada persona que pasa por nuestra vida es única. Siempre deja un poco de sí y se lleva un poco de nosotros. Habrá los que se llevan mucho pero, no habrá quien no deje nada.
– Jorge Luis Borges

 

Autor: Karla Galleta

 



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