Dicen, que el mundo está lleno de personas vacías, de cuerpos con almas huecas que necesitan alimentarse de los sentimientos de los demás para sentirse útiles, importantes…Vivos, al fin y al cabo.

Hay varios tipos de soledad. La que más apreciamos es aquella que nos permite entrar en contacto con nosotros mismos para escucharnos, y complacernos como criaturas hábiles que saben cuidar de su amor propio.

Ahora bien, si hay un tipo de soledad tan destructiva como peligrosa, es la que sentimos compartiendo tiempo, vida e instantes con personas que son importantes para nosotros, y que sin embargo, están vacías.

Y desde luego, son importantes porque las hemos elegido libremente, porque hemos proyectado en ellas emociones e incluso sentimientos intensos, hasta que poco a poco, vamos percibiendo que hay cosas que fallan, que hacen daño.

Entender el proceso por el cual podemos llegar a enamorarnos, por ejemplo, de una persona vacía es algo complejo. Y sin embargo, hay veces que en nuestro círculo social también disponemos de amigos con este rasgo, e incluso familiares muy cercanos son y siguen siendo personas vacías.

¿Qué debemos hacer ante esta flaqueza de emociones, ante esta falta de empatía y reprocidad para con nosotros mismos y nuestra integridad?

Veámoslo con detalle.

La soledad emocional en las personas vacías

Alejandro Dumas solía decir que su padre se quejaba a menudo de las personas vacías. Las definía como cántaros. “Cuánto más vacíos están más ruido hacen”.

Con esta frase tan simbólica, ya intuimos que este tipo de personalidad suele hacerse mucho de notar, no pasan desapercibidas por nuestra vida, ni tampoco nos dejan indiferentes.

Ahora bien ¿por qué las definimos así, con esos vacíos? ¿Qué hay detrás de este tipo de comportamientos?

1. Falta de reciprocidad emocional
No vamos a debatir aquí sobre la existencia o no del alma, que es en lo primero que se suele pensar cuando hablamos de personas vacías.

Entendamos pues el vacío como la “no existencia” de una serie de dimensiones básicas.

– Son incapaces de proyectarse en los demás para comprender, para empatizar y entender la perspectiva personal de quien tienen en frente.

– Su comportamiento se basa en un conjunto de reglas inconscientes donde la prioridad por uno mismo, y la búsqueda por cubrir las necesidades propias, son esenciales.

– Decimos inconscientes porque actúan siempre de forma automática, sin valorar los resultados, porque en su personalidad no caben los equívocos. Equivocarse es una debilidad que no pueden permitirse.

– Las personas vacían no son buenas escuchando, ni abriéndose a los demás. Si en algún momento lo hacen es para buscar un beneficio propio.

2. Necesidad de someter y “apegarse” a alguien más emocional que ellos

Las personas vacías suelen caracterizarse por algo muy básico: por su ausencia de felicidad.

En su mundo, solo buscan mover los hilos para que los demás llenen sus vacíos insondables, para que cubran sus carencias manipulando las emociones ajenas.

No obstante, nunca habrá generosidad, altruismo o alegría de vivir, porque en las personas vacías no hay términos medios ni equilibrios.

Suelen oscilar en los extremos, en el todo o nada, en el amor desmedido para cubrir una necesidad, a la indiferencia más absoluta cuando se haya saciado, arropándote con el manto de la soledad emocional.

En su mundo, solo buscan mover los hilos para que los demás llenen sus vacíos insondables, para que cubran sus carencias manipulando las emociones ajenas.

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No obstante, nunca habrá generosidad, altruismo o alegría de vivir, porque en las personas vacías no hay términos medios ni equilibrios.

Suelen oscilar en los extremos, en el todo o nada, en el amor desmedido para cubrir una necesidad, a la indiferencia más absoluta cuando se haya saciado, arropándote con el manto de la soledad emocional.

Las personas vacías son personalidades incompletas que establecen relaciones inmaduras. No te permitas ser el agua que llene sus vacíos o la chispa que encienda cada día sus felicidades pasajeras, o la luz que alumbre su soledad. Al final, serás tú quien acabe lastimado.

Es posible que lo primero que estés pensando es en marcar distancia, en alejarte. Ahora bien, estamos hablando de emociones, y en general, de relaciones que establecemos con personas que nos son significativas.

Todo lleva un proceso, en el cual, seremos nosotros mismos y después de haber invertido tiempo y adecuadas estrategias, los que decidiremos si hemos de romper esa relación o no.

A menudo, suele decirse que todos estamos un poco rotos. Unos afilan sus esquinas y otros liman sus vacíos.

Es decir, en ocasiones, un tipo de personalidad puede encajar bien con otra, no obstante, hay algo que debemos tener claro: las personas no cambian de un día para otro por mucho que lo deseemos.

Son el día a día y nuestro propio equilibrio emocional y nuestra integridad, los principales marcadores de alerta que debemos proteger en todo momento.

Veámos ahora qué recursos podemos poner en práctica:

– Ante familiares: si en tu círculo más próximo tienes a un padre, una madre o unos hermanos que actúan de forma fría y vacía, desactiva en la medida que puedas la importancia que tengan en tu día a día. Quítales importancia y autoridad en tu vida.

No cometas el error de actuar al igual que ellos. Muéstrate siempre con plena integridad, confrontando palabras y situaciones dejando claro cómo eres, y qué te define.

– Ante relaciones afectivas: si a día de hoy ya eres consciente de que tu pareja es una persona muy vacía, comunícale cómo te sientes y qué eres capaz de aceptar y qué no.

Tú no eres un ser vacío, tienes emociones que deben ser correspondidas, necesidades afectivas y de reciprocidad. Si nada de esto es atendido, no hay cambios: reflexiona entonces cuál debe ser tu próximo paso.

No hay peor soledad que la de aquellos que solo nos dan un afecto sin forma. Un mundo de vacíos.

 

 

Por: Valeria Sabater

 



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