Toda mi vida he escuchado, que recordar es volver a vivir, pero de la manera difícil aprendí que recordar, también es morir despacito, pues a veces el recuerdo se clava y choca en tu corazón y en tu mente como si fueran mil puñaladas heladas.

Ayer llegaste de nuevo a mi mente, recordé como jugabas con mis manos, y como te gustaba ver mi piel de gallina cuando besabas mi cuello, ayer llena de dolor, descubrí que para retomar el camino correcto, a veces es necesario voltear para ver un poco el pasado,  lo hice, vi mi pasado y fue él lo primero que vi, sé que su recuerdo me perseguirá como yo estaré de la misma manera tatuada en su ser, pues lo nuestro fue bello, tan bello que tuvo que terminar.

Mientras te veía dentro del paisaje que yo misma armé con mis recuerdos, me di cuenta que eres un dulce y ahora, por fin eres un agradable dolor, pues ya no te sufro, ¿sabes? ya no me dueles.

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Este día comprendí que olvidarte y borrarte de mí no podré aunque lo intente, pues eres de esas lecciones de la vida que logras aprender muy bien, cuando te recuerdo con una sonrisa sé que lo estaba haciendo bien y eso lo podría tomar en cuenta en el futuro, pero también se recordarte feo, pues también sacaste lo más podrido de mi ser, eso es lo que aun duele pero de ahí también aprendí así que como dicen por ahí, eso no lo vuelvo a hacer. Me enseñaste, de una manera excesivamente gráfica lo que no debo tener, me mostraste como no debo dejar que me traten.

Créeme no hay una sola gota de rencor en mi ser, pues como te digo eres un perfecto recuerdo que ahora, me muestra como a veces se disfruta de los errores, pues así como tu fallaste conmigo, también sé que yo lo hice contigo.

Pienso en ti, pero ya no cada noche, ya sólo llegas como esporádicos calambritos en el corazón pero ya no de esos que duelen hasta los huesos, si no de esos que duelen rico, eres un dolor que se disfruta, algo así como una adicción masoquista, pero las heridas con el tiempo siempre logran la paz interior, y cada herida sanada es un corazón reconstruido, un corazón más fuerte, un corazón que no teme del pasado, pero sí, de él aprende.

Créeme no hay rencor, fuiste un golpe de mil puñales helados, pero por recordarte, me di cuenta que ya no eres AMOR, solo eres un satisfactorio y doloroso recuerdo lleno de dulce MELANCOLÍA.



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