Que tristeza da ver como las personas desperdiciamos constantemente la pulpa de nuestra vida, siempre descuidamos el presente, que es el único momento en el que realmente tenemos control para poder hacer cambios, para convertir un momento normal en uno épico, para cambiar una situación de perdida en una ventaja, para atrevernos a hacer aquello que siempre hemos deseado desde el fondo de nuestros corazones, pero que, por cobardía, o por no estar en la boca de los demás terminamos omitiendo.

Es normal ese sentimiento que a veces tenemos, de querer que el tiempo pase para ver a cierta persona, o para recibir algún premio o reconocimiento, o para vivir unas vacaciones, etc., lo que no es para nada normal es pretender dejar de vivir hasta que ese momento llegue, desperdiciando cada día de nuestras vidas, en el letargo de esa espera, y no miento cuando digo que muchas veces sucede que llega el día del momento tan esperado y resulta ser no tan mágico o maravilloso como lo habíamos imaginado, por que esperamos tanto ese momento que nos predispusimos a demasiadas cosas, y cada cosa que no sucede de la forma que la esperábamos nos va decepcionando de poco en poco, no se trata de si es mejor o peor, se trata de que no es como lo esperábamos, es por eso que no es bueno vivir en el futuro, “porque mientras cosas esperas, mayores son las sorpresas, y a todos nos gustan las personas que no han perdido la capacidad de sorprenderse”.

Lo mismo pasa con los recuerdos, ¿alguna vez te has fijado que los momentos de los recuerdos parecen más impactantes, más felices, más intensos, que en el momento en que realmente pasaron?, tendemos a photoshopear nuestros recuerdos para hacerlos más vivos, más fuertes, más importantes, y eso nos genera la mala costumbre de siempre tener la mente en el tiempo equivocado, porque o nos preocupamos por el futuro (por algo que aún no llega y que no hay certeza de que suceda) o estamos muy ocupados viviendo en el pasado (donde ya nada puede cambiarse) fijamos nuestra atención en tiempos en los que no tenemos control, en donde nada podemos hacer.

Dejamos de disfrutar el día a día, y las personas y los momentos que están presentes, y es hasta que perdemos a estas personas por no haberles dado la importancia que se merecían que entonces ellas también se convierten en un recuerdo y ahora es que se vuelven importantes, cuando de nuevo ya no podemos hacer nada para cambiar lo que sucedió, cuando ya no tenemos presente a esa persona, le damos la importancia cuando ya no podemos hacerla feliz, cuando ya no es más que otra sombra de nuestro pasado envuelto en hielo, de ese pasado que somos incapaces de alterar y nuevamente desatendemos a la persona que se encuentra en nuestro presente y esto se repite una y otra vez.

Ojalá que seamos capaces de aprender a disfrutar de los momentos, de las personas, de las cosas en el presente, cuando las tenemos, cuando ellas pueden sentirse valoradas, no tiene nada de malo tener bonitos recuerdos, pero podemos acumular más si estamos atentos a lo que tenemos enfrente.

Autor: Sunky



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