No niego que cuando era más joven mis expectativas sobre la persona que quería a mi lado eran completamente diferentes, era un tanto superficial para ser sincera, también era mucho más inocente y creía que todas las personas eran buenas y que bastaba con encontrar a aquel que encajara en mis gustos visuales, porque si le trataba bien haría lo mismo conmigo, bueno eso era lo que entonces creía, con el tiempo aprendí que no siempre es así.

Los seres humanos somos unas criaturas muy extrañas, muchas veces nos comportamos mal con aquellos que más nos aprecian y somos totalmente complacientes con aquellos que ni siquiera nos valoran un poco, quizás sea porque creemos que no debemos esforzarnos con aquellos que ya nos quieren y en cambio buscamos el aprecio de los que no nos muestran su cariño, el caso es que tuve malas experiencias con chavos que estaban muy guapos, pero que tenían el corazón de hielo, era constante encontrarme con ese tipo de hombres que solo te ven como un número más, que solo quieren jugar debajo de tu falda y cuando por fin obtienen lo que buscaban se van.

Quizás sea por eso que ahora ya no suelo entregarme físicamente hasta no ver una relación completamente bien establecida y formal, y no es que me sienta desvalorada con cada hombre que compartió mi intimidad, sino que de alguna manera este tipo de circunstancias te dejan un vacío en el alma y en el corazón, yo siempre quise alguien que se interesara por mí, por mis locas ideas, que compartiera mis sueños, que supiera mis gustos, que conociera mis debilidades, alguien con quien sintiera que soy más fuerte con el simple hecho de estar a su lado, encontrar con quien acostarme es fácil, lo segundo no.

Terminé saliendo con un viejo amigo que siempre me insistía por una oportunidad, pero francamente no me gustaba, no es que fuera feo, era que su actitud era quizás demasiado pasiva, siempre me llamaron la atención los hombres más ruidosos, más apasionados en todo lo que hacían, el en cambio era como si todo lo hiciera en silencio, sus palabras parecían más un suspiro y la verdad creía que me aburriría del rápidamente.

Pero para mi sorpresa las cosas se dieron de manera casi mágica, al ser amigo mío me conocía bien, sabía lo que me gustaba y lo que no, incluso se daba cuenta cuando algo me pasaba, aunque yo me esforzara por negarlo, siempre tenía un detalle por más pequeño que fuera, y cuando necesitaba hablar él siempre me esperaba con una taza humeante de café y toda su atención, sin darme cuenta encontré lo que siempre había querido, curiosamente fue en alguien que siempre tuve en frente.

Hoy no lo cambiaría por nadie más, él hace de mi mundo un lugar mejor, comparte conmigo todo lo bueno y lo malo, y aunque no es del “tipo” físicamente que me llama más la atención, entiendo lo afortunada que soy al tenerlo a mi lado, al final entendí que no se trata de tener a la persona más bonita del mundo, sino a quien haga tu mundo más bonito.

Autor: Sunky



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