“Ten en cuenta que el gran amor y los grandes logros requieren grandes riesgos.”
– Dalai Lama

Hay personas que independientemente de su edad, no saben lo que quieren, no saben a dónde ir. No saben qué hacer o cómo reaccionar. Parecen estar constantemente inmersas y perdidas en un mundo de confusión. Van de aquí para allá, cambiando constantemente de opinión, como si el camino que transitan los llenara de miedo.


De la misma manera, encuentran a una persona especial que llame su atención y se sumergen en el viaje, pero a mitad del camino recorrido, salen corriendo atemorizados.
Estos eternos niños viven el hoy por hoy, y claro que desean amar y ser amados, el problema es que no quieren mover un dedo por cambiar las cosas porque les cuesta muchísimo decidirse: hoy quiero o tengo ganas, pero mañana, mañana, no lo sé. Algo así como la rencarnación de Peter Pan. Les cuesta dar y quieren recibir sin que las circunstancias se modifiquen, pretendiendo que todo siga de la misma forma sin mucho esfuerzo y poco compromiso. Quizás sea por su inmadurez que les cuesta tomar decisiones, temen equivocarse, o renunciar. Se reúsan a comprometerse por el miedo que implica una relación autentica, por miedo al futuro, no quieren hacer espacio en su vida para una nueva realidad a la que voluntariamente han querido asomarse.
Y es por eso, que cuando se sienten de alguna forma amenazados, se encierran en una coraza de la que no los saca ni Dios mismo, se desconectan totalmente de sus emociones. A diferencia de lo que haría una persona emocionalmente madura que sabe lo que quiere, como plantear sus sentimientos y expresarlos libremente, ellos hacen tremendos berrinches o te escupen a la cara cada dos minutos explicaciones que ni ellos mismos se creen. No les gusta confrontar, mucho menos que los confronten, es por eso que bajo una aparente armonía y diplomacia, prefieren mantenerse al margen de los problemas, simplemente porque no saben cómo enfrentarlos.

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Van por ahí gritando que aman su libertad y que no desean atarse a nada, casi casi con un cartel en la frente con principios budistas de desapego, porque la realidad, es que no están listos para algo diferente.
Detrás de todo esto se esconde una terrible falta de autoestima disfrazada de aparente empatía. Por lo cual no son capaces de establecer lazos profundos con otra persona que les enseñe el principio básico de dar y recibir, ni mantener relaciones duraderas sanas. Por lo que asustados, corren y buscan a alguien que represente menos compromiso y responsabilidad, evitando así problemas.
Cada quien elige lo que quiere ser y lo que desea, siempre tenemos esa oportunidad, elegir siempre. Y al parecer, siempre existirán personas que desean seguir siendo niños. Y no podrás cambiarlos nunca. De eso se encargará la vida y ellos con las circunstancias que les rodean, y si no, vivirán culpando las piedras por no ser capaces de mirarse y hacerse cargo de ellos mismos, y así crecer.
Pero por suerte, también existen personas emocionalmente maduras, grandes hombres y mujeres. Magos que saben lo que quieren y quiénes son. Personas que no son perfectas, pero conocen a fondo sus carencias y sus dolores. Saben las herramientas que tienen, y sabes qué? Las usan! Personas que hacen magia de la realidad y que son conscientes del carácter sagrado de las relaciones.
No camines al ritmo de un corazón dudoso porque nunca llegaras a ninguna parte. Mejor rodéate de personas que dan ganas de llevarnos, y nos llevan. Nos llevan a creer que el amor sano y sin incertidumbre, es el mejor lugar.

Autor: Karla Galleta



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