La tibia noche me acaricia casi como lo hacías tú, me gusta imaginar que el brillo de la luna me toca como solías hacerlo tú, seguramente la noche tiene el poder de extrañarte más, el viento que sopla suave me recuerda la noche que decidiste por los dos, la noche en que decidiste irte, la noche en que tus bellos ojos llenos de nostalgia me miraron y me dijeron que lo que teníamos se había terminado, esa noche en que me dejaste y decidiste seguir tu vida lejos de mi.

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En ese momento no supe cómo reaccionar, simplemente me quedé en shock, pues como suelen decir, “no lo vi venir”. Llegaste a mí casa, como cotidianamente, mis papas te recibieron te invitaron a pasar, y por primera vez en mucho tiempo, te negaste, dijiste que me esperarías afuera, cuando te vi, supe la verdad, me di cuenta perfectamente a que habías ido, y no pude hacer nada para evitarlo.

Recuerdo esa noche  como si hubiera sido ayer, y en realidad, ese “ayer” paso hace ya varias semanas, recuerdo que estabas parado en la puerta, solo me miraste, y no dijiste más que “perdón”, supe perfectamente a que se refería tu disculpa, tras tu abrazo, supe que no me quedaba más que esconder mis ganas de de ver tu arrepentimiento, de oír tu voz decirme que no me preocupara, que no pasa nada que todo seguiría bien, pero no fu así.

En ese momento comprendí todas las trilladas frases de que el corazón se rompe, cuando fuiste a decirme que ya no queras más estar conmigo, eso paso conmigo, me sentí destrozada, derrumbada, me sentí simplemente rota, no tienes idea cuánto dolor me causo tu partida.

Esa fue una de las peores noches de mi vida, aunque muchas veces, ya no se que duele más, pues tu recuerdo me sigue persiguiendo, y no se cual es peor, si esa noche en que no me quedó más que aceptar tu partida, o las interminables noches en donde tu recuerdo me persigue y simplemente me veo a mi misma como un ser muerto en vida.

Cada quien libra el dolor como mejor puede, por mucho tiempo me la atormenté pensando por qué no trate de detenerte, por qué no te mostré mis sólidos argumentos y así lograr que te quedaras, mil veces me hice creer que yo era la culpable, pues tu adiós, no era más que una falsa parodia de que de verdad te gustaría estar sin mí, y lo único que querías era un poco de m´s compromiso de mi parte, no lo recibiste y te fuiste.

Sin embargo, aunque la melancolía me embarga cada noche, y tu recuerdo sigue atormentándome cada día, ya comprendí que si las cosas  sucedieron así, fue porque así lo decidiste tú, sí, pensaste y actuaste por los dos, pues me desarmaste y no pude hacer uso de mi derecho de réplica, pero no soy nadie para obligarte a estar a mi lado.

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Sigo aquí quizá sin asimilar por completo tu adiós, pero he aprendido a vivir con tu recuerdo y ahora sé que lo que pasó, es que fuiste más valiente que yo al tomar una decisión que yo me resistía a tomar, pues lo que teníamos a no era amor sino solo costumbre.

Ahora sé que definitivamente nadie se muere de amor, aunque viva con su recuerdo.



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