No se muere físicamente de amor, pero sí, una parte del corazón deja de latir.

Siempre he escuchado que nadie muere de amor. Que si se termina, es porque ya no había nada más que hacer, que se olvida con el tiempo, que es el tiempo el que cura las heridas, y que cada día que pase, serás más fuerte para enfrentar el quiebre de una relación, pero hoy, creo que vivo una experiencia totalmente diferente.

Nos conocimos, siempre fue lindo conmigo, me enamoré como una niña pequeña, con esa misma ilusión del primer amor, proyecté muchas cosas en esta relación, quizás porque ya somos grandes, pensé que todo sería perfecto, puse mi mayor esfuerzo en que esto resultara, pensé que así sería, pero me equivoqué.

Con el tiempo la relación se dilató, y yo día a día trataba de demostrarle todo lo que lo amaba, pero él ya era frío. Yo bailaba sobre nuestras sábanas con tal de llamar su atención, él solo miraba la tele buscando una “buena película” que ver, yo cocinaba para dos, él tomaba el plato y se lo llevaba al cuarto. En pocas palabras, ya no existía nada.

3

Intenté varias veces terminar la relación porque se volvió enfermiza, no para él, sino que para mí. Me di cuenta que él así vive las relaciones, siempre lo mismo, siempre hay alguien más en su vida, y después la pareja, siempre hay tiempo para otras mujeres, no para la suya. Y cada vez que terminaba, me arrepentía y volvía a buscarlo al día siguiente, y se volvió rutina, rutina enfermiza.

Sin embargo tomé la última decisión; olvidarlo. Seguía en esta dinámica dolorosa, que ya se volvió insoportable, y es aquí cuando siento este dolor en el pecho. Juré no buscarlo, no por él, sino por mí. Y mi dolor es grande, siento que una parte de mí acaba de morir, siento ese dolor del vacío, de no verlo en cada rincón de la casa, de un paseo por la calle, siento ese dolor de no poder abrazarlo, de no sentir sus labios cálidos, ese dolor por no escuchar un buenos días, el dolor de la pérdida.

Algo de mi murió, porque vivía con su presencia a mi lado, porque me daba vida, porque me daba risas. El problema es que era vivir enferma a su lado, o morir hoy, para renacer como el Ave Fénix. No sé cuánto tiempo dure este duelo, cuánto tiempo lo lloraré escondida, no sé cuánto tiempo tardaré en recuperarme de este sufrimiento, de este dolor profundo que se clavó en el medio de mi pecho, pero sé que lo haré, porque aunque ahora lo crea, sé que no se puede morir de amor. Y es que no se muere “físicamente” por amor, pero sí, una parte del corazón deja de latir, y esa muerte no debe ser eterna, es temporal, y espero mi renacimiento, ya sin él.

 

Artículo por Angie Zurita

Chilena de nacionalidad, ecuatoriana de nacimiento. Química Industrial de profesión, profesora media loca, políticamente correcta, católica, twitteradicta, nueva mamá, soltera por ahora. Una mujer feliz!


     Compartir         Compartir