Hoy siento miedo, como la mayoría de los días de mi vida; son pocos los días que transito con total confianza y seguridad. Hoy también recordé que hace mucho tiempo que no lloro de felicidad con esas lagrimas que se escapan de los ojos a borbotones como agua pura de un manantial pero no molestan ni cansan los ojos.
Tengo miedo, pero es un miedo feliz. Miedo de las calles inundadas de gente vacía que corre tras la rutina diaria. Miedo al cielo tan azul, el mismo cielo que me vio nacer, siempre el mismo, pero yo ya no soy la misma, y eso es lo que mas miedo me da.
Miedo a la soledad, a la soledad que entra por los ojos, se instala en la conciencia y luego se desparrama por las venas como si fuese un doloroso veneno hasta llegar al corazón.
Miedo de la muerte. Miedo de la vida. Miedo a la incertidumbre de cada día.
Miedo de los seres queridos que se alejaron dejando un vacío, como un infinito fondo negro con un enorme signo de interrogación blanco.
Miedo a ser feliz, porque sabiendo cual es la cura para mis males prefiero ignorarla, tal vez porque la mayor parte de mi vida fui infeliz, pero me auto engañe creyendo que no, que era feliz.
Ahora que soy mayor lo entiendo mejor; me engañaba para sobrevivir. Me invente una infancia feliz, llena de colores, mariposas, espejos dorados, margaritas y noches estrelladas, porque estaba sola, completamente sola.
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Y si, es verdad, unos años atrás hubiera dado lo que sea porque vos estés conmigo, y que con tu mano tomaras la mía, y que con la otra me acariciaras el rostro pálido de tanto sufrir y me besaras los ojos verdes pero opacos de tanto llorar. Y me dijeras queme ibas a curar el alma y amarme como ningún hombre jamas me amo.
Pero hoy no, hoy se que soy lo suficientemente fuerte como para transitar cualquier oscuridad sola, hoy no necesito tu mano tomando la mía, ni tu otra mano acariciando mi rostro pálido de tanto sufrir, ni que me beses los ojos verdes pero opacos de tanto llorar, ni mucho menos que me inventes una mentira de amor.
Hoy no, porque siempre estuve sola y sobreviví, porque siempre tuve un miedo feliz.
Por: Florencia Flacco


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