Tengo una estrategia para enamorarte. Se trata de contemplarte cada día, observarte, estudiarte, conocerte, saber qué es lo que te hace feliz. Luego, quizá te escriba algún poema sobre este amor sincero e intenso que siento en mis adentros por ti. Se lo daré a una amiga mía para que te lo dé, sin que te diga quién te lo envía, y esperaré, a ver si se forma en ti una ilusión. Te seguiré observando, esperando el momento exacto para presentarme. Entonces me plantaré delante de ti, con seguridad y con firmeza y te diré, delicadamente, “hola, mi nombre es Lluvia. Te he visto pasar todas las tardes por aquí y me ha dado curiosidad saludarte y conocerte, porque me pareces una persona interesante”. Y te miraré con ojos coquetos, pero con mucho cuidado de no parecer una atrevida ni mucho menos una vulgar. Siempre con elegancia y con buen tacto. Luego, al siguiente día te daré los buenos días. Y al siguiente también. Y así, hasta ganarme tu confianza. Ya que nos conozcamos lo suficiente, te pediré que seamos amigos, cuidando que nuestra amistad sólo sea una etapa temporal, porque no quiero ser tu amiga por siempre: yo voy por todo contigo.

Mi estrategia será construir bellos momentos a tu lado, momentos en los que ambos la pasemos de maravilla. Mi estrategia es ser honesta todo el tiempo, que no haya máscaras ni actuaciones entre nosotros, que te des cuenta que yo nunca te mentiría, que jamás te diría incluso verdades a medias. Ganarme tu confianza, para que me cuentes tus secretos y me dejes contarte los míos, y entre los dos se vaya formando un ambiente de confidencia único. Voy a arriesgarlo todo por este amor que tengo por ti, porque eres lo que siempre había soñado y creo que lo merezco. Voy a entregarte mi más íntima ilusión, aquella que llevo bajo el cobijo de mi alma soñadora, esperando que la acojas con cariño, y yo sé que es un riesgo enorme, porque cuando abres de esa manera tu corazón puedes resultar enormemente dañada, pero qué más da, contigo me la quiero jugar, porque presiento que tú, sí tú, podrías ser el amor de mi vida, ese que tanto he esperado y que quizá por fin ha llegado.

Tengo un plan para llegar a tu corazón, y consiste en componerte las más bellas sinfonías, en regalarte el ritmo de mis versos amorosos, en seducirte con el perfume natural de mi cuerpo y, sobre todo, en construirte un mundo para que lo habitemos sólo tú y yo. Dicen que en el cielo nos aguarda el paraíso, pero yo quiero que tú y yo no tengamos que aguardar a la otra vida para disfrutarlo, así que haré lo posible para bajártelo aquí a la tierra, que seamos como Adán y Eva en su propio Edén. Mi estrategia será entregarte un amor limpio y puro, plenamente sincero, que ha cometido errores, claro, pero que nunca ha dañado a otro corazón intencionalmente y que promete nunca dañarte a ti, todo lo contrario, que jura cuidarte y respetarte por el resto de nuestros días.



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