Cuantas veces al día pasas al espejo a ver como luces, cuánto tiempo inviertes a lo que vestirás, a comprar las marcas que usas, o “mejor” aún, cuánto tiempo pasas revisando la moda de las demás personas, estereotipando, juzgando, echado tu vida por la borda, y evitando que los demás la vivan igual.

Cuantas veces usas la palabra amor para un par de zapatos, o los lentes de moda, cuantas veces le dices “te amo” al mesero o al cadenero que te dejó entrar al antro de moda, no podías pasar otra noche de viernes más, sin publicar en tus redes sociales que estuviste en el lugar más sofisticado, caro y de elite, no podías esperar más en subir esa foto comiendo gourmet y luciendo ese atuendo carísimo de París, que te hará lucir increíble en esa “selfie” con mil filtros. Bien, los miles de seguidores y “amigos” de facebook te envidia, admiran, adoran quieren ser como tú y obtienes miles de likes en menos de una hora. Pero de esos miles, ¿cuántos están para ti, en la vida real?.

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Esa es mi historia, era una superflua y materialista chica que solo vivía de elogios, me encantaban los aplausos de propios y extraños, total, para eso me mataba trabajando, para tener la vida lujosa y glamurosa que me merezco no, y aunque no siempre estuvieran a mi alcance, siempre podía pedir un préstamo en algún lugar, para hacer saber al mundo que lo que quería lo tenía. Aunque debiera más de la mitad.

Pero entonces, un día de repente pasó, un día mientras iba conduciendo de camino a mi trabajo, un tipo en el carril contiguo, quizá con la misma hambre de reconocimiento que yo, iba “textiando” mientras conducía, y no re cuerdo que fue lo que pasó, pero días después desperté en un hospital con tubos por todos lados, conectada a una maquina que registraba mi pulso cardíaco. Lo primero que vi al abrir mis hinchados ojos, fue a mi madre llorando, me dijo que había unos amigos en la sala de espera, y que mi padre aun estaba como loco buscando los donadores que me salvaran la vida.

Fue ahí cuando descubrí que los amigos se cuentan con la palma de la mano y te sobran dedos, que como decía mi abuela, en la cama y en la cárcel, se conocen a los verdaderos amigos, ninguno de mis miles de seguidores fueron buenos para preguntar por mí, las tiendas departamentales en donde dejaba mi dinero, ni enterados de que casi pierden a un cliente estrella, y si así hubiera sido, sería como quitarle un pelo a un gato, lo mismo con los antros, bares, y restaurantes que frecuento, nada de todo el prestigio y valor monetario que conseguí, ser cliente estrella, no me sirvió ganar puntos en la ruleta de la vida.

Ahora te pregunto,  como es que tú defines amor, la mía ahora está muy lejos de los clichés cotidianos de los 14 de febrero, por la estupenda mercadotecnia que nos obliga a manifestar el amor por medio de cosas materiales.

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La vida, es un regalo, y es un enorme gusto el saber vivirla y poder compartirla de manera reciproca con las personas que de verdad te aman, las que te abrazan, las que te hablan, las que de te halan de verdad, las que te tienden una mano real, y no una manita de aceptación virtual en la red social.

Recuerda que vivir feliz es cuestión de actitud y causa gratitud, las personas que te quieren por lo que eres y no por cómo te ves, son las que de verdad te valoran, y las que regresan felicidad y amor a tu alma.

No desperdicies la vida en falsos espejos, que solo alimentan el ego y desnutren el alma. La vida es un regalo, solo tú sabes cómo lucirlo.



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