Te conocí un día cualquiera  y desde ese primer instante te robaste mi atención, durante mucho tiempo buscaba cualquier pretexto para verte aunque ni te dabas cuenta que yo existía,  mientras que yo suspiraba y trataba de una y mil maneras llamar tu atención, después de muchos intentos por fin logre hablar contigo y después de tratarnos, llego el día en que ya no pude más y  te exprese mis sentimientos hacia ti, te sorprendiste mucho y después de unos segundos  me dijiste” soy casado” en ese momento mi corazón se desvaneció.

Se hizo un nudo en mi garganta que me impedía respirar y mis lágrimas rodaron por mi mejillas ¿ cómo es posible que tú,  el  amor de mi vida ya estuvieras casado?, peor aún otra razón por la cual me rechazaste fue la diferencia de edad yo solo tenía 15 años mientras tú ya tenías 26 años pero, que tu fueras mayor que yo era algo que no me importaba, pero de que me sirvió que a mí no me importara si a ti sí.

Los años pasaban tu seguías gustándome cada vez más, pero por más que me gustaras ya no hice nada para conquistarte, pues sabía que no era correcto, que tú ya habías elegido a la persona con la cual compartirías el resto de tu vida, ya habías formado una familia y yo tenía que alejarme de tu vida y dejar de hacerme falsas ilusiones, así que me aleje de ti, deje de tratarte  pero, el poco tiempo que nos tratamos me di cuenta que además de guapo eras una gran persona, pues eras solidaria, respetuosa, y siempre tenías una gran sonrisa en el rostro, hoy ya han pasado casi 8 años y puedo decirte que falle en el intento de olvidarte, sigues y seguirás siendo el amor de mi vida.

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En  el intento de olvidarte me di la oportunidad de conocer a otros chicos de mi edad pero ninguno me hace sentir esa adrenalina que siente mi corazón cuando te veo. Mi vida se amargo, mis ilusiones se terminaron, la sonrisa se ha borrado de mi rostro, desde que tuve que renunciar a ti. Tengo la ilusión de que algún día conozca a alguien y formar una linda familia, pero sé que nadie llenara el vacío que tu haz dejado en mí.

Por: Minerva Perez



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