Me voy, no quieres que esté aquí y no hace falta que lo pidas. Siempre voy a reconocer esos ojos de inconformidad. Los he visto tantas veces que no hace falta escuchar que ahora tampoco te importo.

No llevo un conteo exacto de las veces que discutimos sin sentido y a ti no te importó dejarme llorando. Ya no recuerdo las veces que me porté como una adulta, experimentada y madura, pidiendo comprensión y apoyo. Ni siquiera sé cuantas veces intenté arreglar los enojos con un sencillo intercambio de palabras y quizás de unos cuantos abrazos que nos hicieran sentir mejor.

Y ¿Te importó? ¡NO! No te importó nada.

Lo que no entiendo es cual fue tu motivo para pedirme que fuéramos novios. No entiendo que fue lo que te orilló a hacerme sentir querida, por lo menos en ciertos momentos. Yo no soy la más linda de la escuela, ni la más bonita de tus amigas, conoces mujeres hermosas y buena onda. ¿Porqué elegirme y luego desperdiciarme?

Probablemente eso es la raíz del asunto, estabas tan harto de las mujeres que conoces y tal vez pensaste que involucrarte con alguien más “común” te serviría de descanso. Siendo esta mi teoría más espontanea y adecuada, tengo que decir como se dice popularmente “Te salio el tiro por la culata” porque no pudiste manejarme, después de todo no fui tan sencilla como pensaste. Y no porque te pusiera las cosas difíciles, sino porque yo si me interesé en ti de verdad, yo sí luche por lo que pensé que teníamos y no te dejé huir así nada más, hice que te hicieras cargo de lo que me hacías.

Cada discusión venía acompañada de unos minutos de charla en donde reconocía y reconocías los errores. No vengas a quejarte y a decirme que es tan repentino que decida alejarme y que ni siquiera tuve la delicadeza de advertirte. ¿Recuerdas todas esas veces en las que te dije -Pon mucha atención a lo que diré, porque no será justo discutir esto de nuevo?-  Dudo mucho que lo recuerdes y lo siento por ti, pero yo te lo dije siempre, tantas veces y no pusiste atención. Yo no puedo hacer más por eso.

Te veo tan decepcionado, tan molesto. Dices que nunca pensaste que llegaríamos a esto, que soy injusta por darme la vuelta y no pensar en ti, repites tantas veces: -No es justo, yo no creí que me fuera a sentir así.- Precisamente es ahí cuando no sé a lo que te refieres, no se si lo que quieres decir es que no pensaste sentirte triste, enojado, porque obviamente las cosas se salieron de tu “control” o si más bien te refieres a que nunca pensaste sentirte enamorado.

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Debemos aceptar que después de todo, no te costó mucho trabajo enamorarme, eres el típico sueño de cualquiera, caí derechito a tus pies. Bien hecho, he aquí el resultado de tu esfuerzo, espero que te sientas totalmente satisfecho. Por un momento fuimos felices, alegres y hasta parecíamos enamorados. Me engañaste.

Me engañaste porque no entiendo cuál fue el motivo de esta relación, lo más convincente también es que; no querías sentirte solo. Tus intenciones no fueron malvadas pues nunca me sentí usada. No me usabas de compañía, ni de distracción, tampoco de satisfacción sexual. No me sentí usada, hasta hoy. Porque de alguna manera lo hiciste, planeabas salir de la rutina, supongo, pero no te salió; te enamoraste. Tampoco te salió, porque te tardaste en darte cuenta, te tardaste en reaccionar y ya me cansé de ser querida a medias.

Merezco más que un amor dudoso, de un amor así a secas; amor. Yo buscaba en ti, un amor apasionado, como el que dabas a todas aquellas.  A todas aquellas que no fui.

No preguntes si te puedo dar otra oportunidad, perdí mucho tiempo con tu duda, perdiste el tiempo dudando. Mientras te convencías de amarme, me convencí de dejarte. No te culpes, no te culpo y por supuesto no me culpes, culpa al tiempo que no se puso de acuerdo.

 

 



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