Estaba sentada delante del ordenador, buscando por internet páginas que me explicaran el por qué nos duele tanto y como superar el desamor.  En verdad sabía que no necesitaba leer nada porque la propia experiencia ya me lo había enseñado en varias ocasiones, pero entonces me pregunté por qué a pesar de esa experiencia, me seguía doliendo igual una y otra vez. Y quizás la respuesta se encuentra dentro de uno mismo.

Pienso en mi primer ex, a quién llegué a amar mucho hasta el punto de necesitarlo. Me acuerdo ahora, y veo lo bien que estoy sin él, después de todo lo que me hizo sufrir. Pero entonces, presionando mucho a mi memoria, no recuerdo como fue muriendo el sentimiento.

Sé que hasta hace unos meses me perseguía en los sueños de vez en cuando, pero aún así, ya no me dolía más. Y no sé en qué punto mi cabeza dejó de pensar en él cada día, escuchar su nombre por la calle, olerlo en la gente.

 

Si te tuviera delante te diría lo mucho que me has hecho madurar, tal y como me exigías cuando era una niña de 16 años. Ahora soy tan fuerte… no te imaginas el poco tiempo que hubiera tardado en echarte de mi vida si a esa edad fuera como ahora.

Sin embargo he vuelto a sentir el vacío y la pena de un adiós, y maldigo al tiempo por dejar que olvide lo fuerte y madura que soy.

No hay otra como él. Ese es el pensamiento mas pesado y doloroso.

Claro que sé que el mundo esta lleno de gente, pero en realidad, cada uno somos únicos e irrepetibles, y esa persona con la que creías conectar tanto, resulta que no siente esa conexión, o no quiere sentirla: entonces; no se si sufro por haber tenido tantas expectativas sobre ella, o porque nunca podré entrar en su vida.

No busco el ‘porque lo perdí’ ni ‘y si…’ . No estoy triste porque se ha acabado.

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En realidad la respuesta a todas mis preguntas la encuentro cuando soy sincera conmigo misma y veo que no quiero abandonar ese sentimiento. No quiero dejarlo atrás. No es perder la persona, porque al fin y al cabo, nunca me perteneció. Lo que me pertenece es el sentimiento que tengo hacia ella, y esto es, el amor. No quiero despedir al amor de nuevo, porque esta vez me ha gustado demasiado.

Estoy triste porque tarde o temprano la vida me pedirá que me despida.

Y en ese momento tendré que aceptar que si he llegado a este punto, es porque esa persona ya no es quién creía, deshaciendo cada pequeña ilusión que había imaginado con ella, desidealizándola. Si él fuera para mí, no tendría que despedirme, pues no me haría sufrir. Por eso, ya no sería tan fantástico tenerlo.

Entonces caeré en la cuenta  que es el pensamiento, des del principio de la historia, el que dándole tantas vueltas a mi cabeza, habrá gastado demasiada energía en buscar preguntas sin respuesta, dañando el pequeño y único rincón de mi cerebro que recordaba cómo olvidé la última vez.

Por: Andrea



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