Conmigo eras tan lejano, te comportabas tan ensimismado, que estando contigo me sentía más sola que perdida en un bosque en medio de la noche. Lo mejor que me ha pasado es que lo nuestro haya terminado, porque, desde entonces, no soy la misma chica de antes, he vuelto a ser yo, a sonreír, a alegrarme por los pequeños detalles de la vida que a tu lado me parecían insignificantes, porque tú me enseñaste a verlo todo de color gris. Afortunadamente, he dejado de gastar energía en una relación destinada al fracaso para comenzar a invertirla en mí misma, en mi vida, mis pasiones, mis gustos, mis anhelos más profundos. Si nuestra relación fuera un coche, tú estarías pisando continuamente el freno, mientras yo trataría de pisar el acelerador, y así, créeme, no íbamos a llegar a ninguna parte. Tú no querías avanzar, querías quedarte en tu zona de confort, mientras yo siempre miraba hacia delante. Era claro que teníamos metas diferentes.

No hizo falta mucho para terminar con lo nuestro. En cuanto yo te dije que quería terminar, tú lo comprendiste y te fuiste. Sí, debo decir que me sorprendió que no hicieras ningún esfuerzo por rescatar lo poco que quedaba, pero supongo que te diste cuenta (quizás antes que yo) que ya no tenía caso prolongar una relación cuya caída era inevitable. Quizá fui yo la necia, la que quiso reavivar el fuego cuando lo único que quedaban eran cenizas, y no es porque te siguiera amando, porque, para ser honesta, dejé de tener sentimientos de amor hacia ti aún cuando seguíamos juntos. No, era sólo la costumbre de tenerte a mi lado. Pero bueno, al fin comprendí que no valía la pena alargarlo, lo comprendiste tú también y henos aquí ahora, nuevamente como dos extraños.

¿A dónde se fueron esas noches de caricias en mis hombros? ¿Cómo es que los besos, al inicio tan encendidos, de pronto se convirtieron en algo sin sabor y sin sentido? ¿Cuándo fue que se nos acabó la felicidad? ¿Alguna vez la hubo? Ahora me doy cuenta que quizá sólo pretendíamos ser felices, pero nunca lo fuimos, porque, ¿cómo podíamos serlo juntos si nunca aprendimos a serlo por cuenta propia? Pues bien, esta es nuestra oportunidad de buscar la felicidad, cada quién por su camino. Quizás nos hacía falta decirnos adiós para decirle hola a nuestro destino y a la búsqueda personal de nuestra dicha.

Autor intelectual: Abril De Romero



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