Es triste darte cuenta que toda la felicidad que habías creado en torno a una persona, debe acabarse. A veces no quieres dejarlo ir, porque quieres seguir intentándolo hasta que funcione, pero la realidad es otra y es dura. La verdad es que esa persona que tanto anhelabas llamar amor, no es para ti.

No todos los amores son para siempre.

No pertenecen juntos, pero la soledad y la alegría los llevó a estar juntos. Una mezcla de muchas cosas, sin ninguna mala intención, pero existen también esos momentos en los que no sientes nada, en los que vez claramente que no deberías estar con esa persona. Es duro, porque no parecen hacerse ningún daño. Pero te has dado cuenta que en cierta manera, seguir en esa mentira, es peor.

Puedes caer fuerte frente a esta realidad, o despacio, muy lentamente. De ambas maneras duele, pues no quieres dejar ir lo que crees que tienen. Más que nada son recuerdos, son pedazos de vivencias que unes en tu cabeza para armar el rompecabezas que quieres ver. Ni tú ni él son realmente compatibles, y aunque sea difícil, lo mejor sería dejarlo ir.

No te querías dar cuenta, pero ya lo has hecho. Y eso está frente a ti, perturbándote día y noche. Entonces, ¿qué esperas?

Kettenkarrussell

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Ya no queda nada más que decir que: no eres para mí. No quieres derrumbar lo que crees que han creado, pero a pesar de que el cariño siempre puede quedar, no pertenecen juntos. Quizás vienen de otros mundos, o sueñan con distintas realidades, o no se comunican bien. Simplemente es mejor olvidarlo.

Sal de esas cuatro paredes y respira el aire. No te dejes desanimar, porque en el mismo momento en que lo estás olvidando, te estás abriendo a un nuevo amor: al amor de aceptar lo que no es para ti, y de aventurarte a que otra vez, quizás pronto o quizás tome tiempo, el verdadero amor aparezca en tu vida. Y ese, no lo dejes ir.

Por Valentinne Rudolphy



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