En la actualidad la vida corre muy deprisa, siempre hay muchas cosas por hacer, y las relaciones interpersonales, se están haciendo cada vez más extrañas, pues por la misma prisa, olvidas regalar sonrisas o simplemente dar los buenos días.

En una ocasión vi que las actitudes son el virus más contagioso de todos, de ahí, que existan las personas tóxicas, y sin querer, cuando menos te lo esperes, resulta que te topaste con unas y, estás contagiado.

Los síntomas para saberte enfermo, o identificar a las personas tóxicas, son simples.

1.- Siempre están de malas como amargados.

2.- Reniegan hasta de los días de la semana que por miles de años han sido igual, no cambiarán por que los pongan de malas.

3.- Siempre tienen un comentario, NEGATIVO, para estropear las sonrisas de otros, son algo así como un soberano “Grinch”

4.- Nada les parece, que si es blanco por qué es blanco y si es negro por qué  así no es.

5.- Tienen cara larga y llena de amargura.

Yo los detecto y los evito, es cierto que es válido tener un mal día, que no es obligación caerle bien a todo el mundo y tener en la bolsa “bolsitas de cotorreo” sin caducidad. Es válido de vez en vez estresarnos, externarlo, y sabernos molestos, pero ¿vivir así? El mal humor arruga, intoxica el cuerpo, deteriora el alma, y te deja solo, AGUAS.

Prefiero convivir con las personas que son repelentes a este síndrome de amargura crónica interminable, me gusta toparme con gente en la calle que sin conocerme, me regala una sonrisa y los buenos días, no de los dientes para afuera, unos buenos días llenos de alegría y buena vibra.

Confieso que soy algo así como un “dealer” de la buena vibra, me gusta ir en el coche bailando con mucha precaución, y si alguien me mira solo sonreír, si el coche de adelante lleva niños y estoy en un alto, los hago reír, pues son los de la risa más contagiosa. Me encanta saludar en la mañana, y a veces hasta hago el café. En fin son pequeñas las acciones que arrebatan sonrisas y las hacen proliferarse en el viento, es inevitable.

Una sonrisa desinteresada también se propaga en el aire, y eso además de contagioso es sumamente adictivo.

Haz el experimento de sonreír a desconocidos y amigos y dime cuantas sonrisas coleccionas en el día.

Reír se ha convertido en la mejor sustancia que ingiero sin riesgo muchas veces al día. Me declaro adicta a las personas que siempre me sacan una sonrisa.

Autor: Fabiola K.

 



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