Tengo miedo. Mucho. Miedo de olvidarte y que un día vuelvas y yo ya no esté para ti.

¿Qué pasará si yo me voy de este desierto árido que es tu recuerdo? ¿Y si tú regresas por mí y yo ya me fuí? ¿Cómo podría volver? ¿Sería válido regresar? Todo el daño, toda la ausencia, todas mis noches llorándote… ¿Podría simplemente olvidarlas y volver a ti?

Todo esto es porque aún te espero, lo sé. Inconsciente y estúpidamente aún te espero. Pero veo una puerta abierta y estoy dudando en cruzarla, porque si lo hago me iré para siempre y nunca volveré. ¿Y si nunca vuelves? Eso me da más miedo aún…

¿En qué momento me vi reducida a esto? Tan llena de dudas y miedos, de sueños rotos y esperanzas que se niegan a morir. ¿Cuál es el camino, cómo puedo saber? ¿Y si me equivoco de nuevo por no ser paciente?

No veo nada que me haga quedarme aquí y sin embargo, aquí sigo, atada a ti y a tu recuerdo, a una esperanza absurda e infantil, lejana; pero no por eso menos: aún te espero, aún te quiero.

Realmente soy una verdadera necia por seguir aquí pero es que aquí sigue mi corazón, hay algo que le impide marcharse. Quizá sólo sean vanas ilusiones, pero no puedo desoír ese eco que aún resuena en mi pecho y que me dice que algún día volverás. Es totalmente absurdo, lo sé. Pero así lo siento. ¿Cómo puedo dejar de sentir? ¿O será que sólo debo irme sin pensarlo mucho? ¿Y mi corazón? ¿Lo dejo aquí?

Alguien me dijo una vez: “No esperes pero tampoco olvides. Sólo fluye, pues eso es lo que te hace ser quien eres ahora.” Quizá esa sea mi respuesta: fluir. Sólo eso.

por MaryCarmen



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