Y me ha funcionado de maravilla.

Hace unos años atrás decidí que quería perder peso, una cantidad que no era considerable, pero que tampoco era despreciable. Me armé del conocimiento que creía que era necesario para esta gran meta: una tabla con calorías de los alimentos que consumía, una lista de comida ‘prohibida’ y comida ‘aceptable’, un calendario para marcar mi progreso y una membresía en un gimnasio. Sentía que no necesitaba nada más y que esta vez al fin lograría mi cometido: verme como siempre había querido.

De esta ocurrencia han pasado 5 años y varios kilos, pero si hay algo que me ha ayudado a mantenerme en el peso que estoy hoy en día, es exactamente lo opuesto a lo que estás pensando: no cuento las calorías que como, no me restrinjo a la hora de comer, no sé exactamente cuánto peso porque sólo lo hago cuando voy al doctor (aunque sé que es un peso saludable para mi altura) y hago deporte porque me gusta y no para quemar más calorías. Entonces ¿qué cambió de un momento a otro?

Claramente que hacer dieta, y sólo pensar en ese término que implica reducir tu ingesta calórica y dejar de comer tus alimentos favoritos, no me funcionaba. No me malinterpretes, puede que a ti te funcione de maravilla, pero creo que es una forma poco práctica de mantener un peso saludable a lo largo del tiempo. Un año después de haber comenzado a contar calorías había bajado cerca de 12 kilos y había llegado a mi peso saludable, sin embargo, ahora que ya no necesitaba seguir haciendo dieta, no tenía idea cómo seguir comiendo. Seguía contando calorías y miraba un poco preocupada cualquier snack que sobrepasara las 300 calorías: ¡era mucho! decía mi mente.2

Siento que de una u otra forma estuve muy cercana a comenzar a ver los alimentos de forma errónea y no fue hasta que pude borrar de mi mente esta noción de calorías que comencé a ver los alimentos por lo que realmente son: energía para el cuerpo, energía para que tu cerebro siga haciendo cientos de maravillosos planes, energía para seguir riendo y para seguir amando. Me tomó al menos un año dejar de pensar que había alimentos ‘prohibidos’ y me tomó aun más tiempo llegar a comprender que ‘estar en forma’ significa algo diferente para cada cuerpo.

 

Somos todos diferentes ¿acaso no deberíamos celebrar esa diferencia en vez de querer estandarizarnos y vernos todos iguales? Somos diferentes lo que significa que no importa lo delgados que seamos: no vamos a tener los brazos, el abdomen o las caderas de tal y tal persona. Ejercitar es algo que nos hace bien simplemente porque nos hace sentir bien y creo firmemente que existe un deporte para cada uno de nosotros: uno que te motiva independiente de las calorías que gaste, uno que te hace sentir bien cuando terminas tu rutina, sin importar si te demoraste 15 o 50 minutos y si ir al gimnasio a una clase de spinning no es lo tuyo, entonces no tienes porqué hacerlo.

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Me cansé de las dietas porque me imponía reglas que no quería seguir y que no me hacían feliz, y en vez de eso aprendí a comer tomando en cuenta nutrientes, colores, vitaminas y minerales. ¿Puedes creer que alguna vez pensé que no debía comer plátanos porque ‘tenían mucha azúcar’ y que de esa forma me privaba de todo el potasio que tiene? Una vez que das vuelta la página creo que no vuelves atrás nunca más y aunque cada uno tiene sus propios métodos, debo decir que haberme cansado de contar números sin parar y haber comenzado a ver el alimento como algo más que un número en mi cuerpo es lo mejor que me ha pasado, y es probablemente lo mejor que te puede pasar el día que te decidas a dejar de probar diferentes dietas.

 

Por Teresa Donoso



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