Las personas no podemos evitar comportarnos como lo que somos: seres humanos. Y como seres humanos, cometemos errores, a veces nos vamos por caminos incorrectos y en ocasiones solemos dañar a las personas, siendo demasiado egoístas, pero siempre tendemos hacia una sola meta: la búsqueda de la felicidad. No obstante, creo que hemos entendido mal lo que significa ser feliz, pues hemos tratado de conseguirlo a través de los demás, cuando en realidad la clave de la felicidad está en nosotros mismos, en nuestro interior, y es a partir de ahí que podemos proyectarla hacia los otros.

En demasiadas ocasiones he necesitado que alguien esté a mi lado, que me apoye en momentos difíciles, que me diga que todo va a estar bien, que me consuele, que me aprecie. He llegado a ayudar a otros con el único propósito de que me devuelvan esa ayuda, de que me digan: “gracias por lo que hiciste, ahora me toca a mí corresponderte”. Pero las cosas no funcionan así. No se trata de dar para que te den, sino de dar desinteresadamente. Además, uno nunca sabe si va a poder contar con la mano de los demás, pues, créeme, vivimos en unos tiempos en los que cada quien está velando por sus propios asuntos y rara vez alguien se interesa por los problemas ajenos.

Es por ello que no podemos atenernos a que, cuando estemos necesitados de cariño, alguien venga y sencillamente nos diga “te quiero”. No, las cosas no son tan fáciles. No podemos depender del cariño y de la estima de los demás. No hay héroes que vengan a salvarnos de nuestra propia soledad, de nuestra falta de amor. Tenemos que salvarnos a nosotros mismos. Nadie llegará a conocernos a tal profundidad como nosotros mismos, por eso es que el nuestro es el mejor amor que podremos tener, sin duda alguna. Sólo tú sabes cómo necesitas ser amado, en qué medida, con qué intensidad, en qué nivel, a qué grado, y sólo tú puedes darte ese amor. La lección a aprender aquí es amarse, disfrutarse y quererse tanto que nuestro amor propio baste para ser felices.

Hay que dejar de esperar que las demás personas caigan enamoradas ante nosotros y comencemos a enamorarnos a nosotros mismos. Y no, no hay que confundirse, no se trata de egoísmo, ni de narcisismo. Se trata de un principio elemental de la moral humana: ámate a ti mismo para que puedas amar a los demás. Sólo aquel que se ama, aquel que tiene la suficiente autoestima, es capaz de entregarse plenamente al otro, es capaz de enamorarse sin obsesiones, sin dependencias, en un amor libre y maravilloso. ¿No es así como todos querríamos vivir?

 

Autor intelectual: Nicole Alcántara



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