¿Cómo fue que caí en este juego cruel de ser solo yo la que luchaba por este amor? , ¿cómo fue que me conforme con recibir el poco tiempo que me dabas?, ¿cómo fue que me acostumbré a que tus ojos apenas me miraran?, ¿cómo caí en este engaño tonto donde me convencí que todavía me amabas?

Esperaba tanto de este amor, esperaba que con tiempo y paciencia tu amor regresara, que para siempre  te quedaras, pero con un miedo inmenso de que esto no pasara. Cegada en mi fe de ti, fui poco a poco acostumbrándome a tus ausencias, a la frialdad  de tu mirada, también a tus excusas y a tus tantas faltas.

Esperaba que con el tiempo algo en ti cambiara, que por arte de magia, tus acciones delataran algo  de interés, o una leve señal de que en verdad te importaba. Lo cierto es que nada pasó, y mi amor que no era poco también se desgasto, deje de buscar tu mirada y de intentar provocar tu sonrisa, aprendí a jugar como tú  jugabas, aprendí a fingir como lo hacías tú.

 Tú jurando que me amabas, yo haciéndote creer que en ti confiaba.

  

Aprendimos a convivir, o mejor dicho, nos acostumbramos a la presencia mutua, pero tan mudas, yo estaba ahí para ti, con la sonrisa fingida, pero con la esperanza rota.

Me acostumbré a la rutina de llegar a casa y buscar la cama nada más para dormir, tristemente las caricias y los besos desde hace tiempo  no se nos daban.

Y ahí estábamos tu y yo durmiendo uno al lado del otro sin compartir nada más que las sabanas…

 Cada vez peor, cada vez más alejados, como un par de extraños, cada vez más cansados, cada vez más rotos.

Y así como un final anunciado y aburrido llegó el final. Una mañana  desperté con ganas de salir de ahí, sin animo alguno de fingir. Te mire a los ojos para percibir alguna señal de cambio, de amor, de algo que me hiciera quedar. Pero nada pasó, tu mirada vacía se quedó igual.

Tome la decisión, lo hice por los dos, decidí renunciar a ese  sentimiento vacío, decidí   liberarnos de esta historia con un mal final

 

Al final me salve  y te salve de un amor que no daba para más.

 

 



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