El sol se ha ocultado. Tenía alrededor de dos horas dormida. La casa estaba en silencio y en mis sueños tú aparecías. Vestías de blanco y me sonreías. No pude ocultar mi alegría, lucías tan guapo, tan varonil, tan irresistible… quise acercarme y me fue imposible. No despegabas tu mirada de mí y me decías algo que no alcanzaba a oír. Quise gritarte algo pero mi voz no salía, opté por leer tus labios pero me sentía confundida. Todo estará bien, ¡sé fuerte! Te amo princesa… fuiste, eres y serás el amor de mi vida-. Quise seguirte pero más te alejaste, apareció una luz tan brillante y con ella te me escapaste. Me quedé inmóvil sin poder entender lo que había ocurrido, ¿porque te despedías?, ¿Por qué huías?… y me seguías mostrando una sonrisa. ¿Acaso dejarme te hacía feliz?, ¿acaso te habías aburrido de mí?

 

Mi mente confusa me daba mil vueltas y entre mis pensamientos escuché voces que provenían de afuera. –Está dormida, no hay que despertarla, es mejor que lo sepa hasta mañana-. ¿Hablaban de mí?, ¿qué debía saber?, díganme que todo lo he soñado, que ha sido una simple pesadilla en donde aparecía él, ¡despiértenme!

Me sentía sudada y un tanto incómoda, me movía en la cama y sentía resequedad en la boca. Cuando menos pensé alguien me tocó. Eran mis padres luciendo nostálgicos. Algo no estaba bien, podía sentirlo en mi interior.

Necesitamos que seas fuerte-, apenas pudo pronunciar papá. –Él ha tenido un accidente-, ¿de qué rayos hablaba mamá? Instantáneamente pensé en ti. Apenas pronuncié tu nombre y mi mamá dijo –sí-.

Me encerró en sus brazos y se puso a llorar. Si tan solo te habías accidentado no entendía por qué se miraban tan mal. Me solté de sus brazos, tomé una sudadera y me coloqué los tenis. Le pedía a papá que se diera prisa, que me llevara al hospital a verte. –No lo has entendido hija-, pronunció él. Él se ha ido, no hubo más que pudieran hacer-.

Sentí perder el color en mi piel. Intenté no tambalearme pero fue imposible, las últimas palabras eran indigeribles. Me incorporé quedando recargada a una pared. Fijé la vista en aquel mural con nuestras fotografías y perdí noción de cuantos minutos transcurrieron estando así. Mi mente quedó en blanco. ¡Esto tenía que ser una maldita broma! Una muy mala broma.

Inesperadamente me paré y comencé a gritar. No había llanto, solo un inmenso dolor imposible de calmar. Tiré todo cuanto estaba a mi paso, mis papás solo observaban como me rompía en pedazos. Con mis manos tomé aquellas flores que me diste una noche antes, cuando hicimos el amor y me dijiste que después de mi no habría nadie. Que siempre sería yo y que siempre serías tú. Sentí una inmensa rabia que no pude controlarme, tu estúpida promesa habías roto pues de mi te habías ido.

Me aferré a cada flor con aquella rabia y con aquel dolor, encajé en mis manos sus espinas inconscientemente porque solo logré reaccionar cuando escuché a mi papá gritar ¡basta, ya detente! Y como si aún hubiese estado dormida, aquel zangoloteo me hizo abrir los ojos y darme cuenta que en minutos había roto todo.

Hasta entonces comprendí aquel sueño en donde te despedías, aquellas palabras tan tuyas en donde decías que me querías. Rompí en llanto y todo a mí alrededor se hizo pedazos. Pedí quedarme a solas unos minutos y me refugié en una esquina abrazada a tu almohada favorita. Aún tenía tu aroma de la noche anterior. Deseaba que todo fuese falso y aparecieras por esa puerta, ¡deseaba volver a verte mi amor!

Mi vida sin ti nada valía. Mis sueños, mis planes, mi futuro y mis anhelos se habían convertido en NUESTROS, sin ti todo acababa yéndose al infierno. Ni siquiera puedo recordar de donde saqué fuerzas para verte en aquella fría caja. Tu piel tan pálida no te quitaba el lucir tan guapo. Abre tus ojitos- te supliqué más de una vez. Quería suponer que solo dormías pero entonces te toqué. Tu cuerpo tan frío me congeló la piel, te rodeé con mis brazos y sin dudarlo te besé.

No respondiste a mis besos, a mi cuerpo, a mi calor. Continuaste intacto, ya no me sonreíste ni me volviste a mirar jamás. Injustamente me apartaron de ti, sin importarles que yo quería irme contigo y no regresar nunca más. Me postré de rodillas ante ti, mientras bajaban tu cuerpo supliqué a mi Dios que te regresará a mí. Todo mi llanto, todas mis suplicas y mi sufrir no fueron escuchados. Besé la flor con la misma ternura que solía besar tus labios. Cayó en tu tumba y en ese momento cayó mi mundo en pedazos.

Espérame por allá y guárdame mi lugar y es que no sé cómo, ni cuándo, ni dónde, solo sé que un día nos volveremos a encontrar y ésta vez, ésta vez será para siempre.

Autor: Stepha Salcas  (Diario De Una Bipolar)

Derechos de Autor.



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