Han pasado exactamente diez años. Diez años de haber tomado aquella absurda y terrible decisión. Aquella que aun a pesar del tiempo no me deja dormir en paz, no deja tener tranquila mi conciencia, no me deja descansar. No ha habido una sola noche en que no sueñe contigo. Un solo mes en que no recuerde aquella fecha y cada año siempre sucede lo mismo; imagino como te estuviese festejando si estuvieras conmigo.

Aun con el tiempo continúo reprochándome mi falta de madurez para afrontar las consecuencias de mis actos. Mi cobardía por haber recurrido a aquel atajo, creyendo que era la mejor salida, que con ello toda mi vida se resolvería. ¡Cuán equivocada estuve y cuanta estupidez fui capaz de cometer! Todo por egoísta, por soberbia, por ignorante y por cobarde.

Hoy me arrepiento de tantas cosas. De aquel sentimiento de cuando miré pintarse las dos temibles pequeñas rayas en ese test. Las lágrimas que salieron de mis ojos y no precisamente por la emoción o felicidad, sino de frustración, de enojo, de miedo, de preocupación. Todo un mundo de emociones, pero lamentablemente negativas, y tú, tu no lo merecías. Aunque no fueses planeado habías sido concebido con amor, porque al menos yo me entregué muy enamorada a aquel hombre que como yo o aún más, se comportó como todo un cobarde, todo un patán.

A pesar de negármelo si sentí emoción, pero aquellos sentimientos opacaban cualquier pizca de felicidad. Estaba realmente enamorada e ilusionada, quería una vida con él y por supuesto formar una familia, pero tu llegada se adelantó demasiado, éramos muy jóvenes, muy inmaduros y ambos teníamos planes y sueños que quizás contigo no pudiésemos realizar. Tenía muchísimo miedo por su reacción y creo que no me equivoqué al sentirlo.

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Era una tarde lluviosa y el frío calaba en los huesos. Lo cité en aquel pequeño café donde nos dimos el primer beso. Llevaba la prueba en un pequeño morralito y una tarjeta rectangular que decía: ¡felicidades, seremos papás! Quise motivarme y darme ánimos, pensar que, aunque a él le tomaría por sorpresa al final de cuentas me apoyaría y juntos saldríamos adelante. ¡No fue así! Su rostro se desarmó completamente, en su cara se miraba un profundo enojo, rabia hacía mí, hacia nosotros. Rompió aquella tarjeta y dijo que era una estupidez, que yo era una estúpida por no haberme cuidado, que le había fallado y que mi trampa no me daría resultado. Arrojó aquel test y sin dejarme pronunciar media palabra puedo recordar que cruelmente dijo: ¨ese bastardo no es mi hijo¨. Se marchó. No supe más de él. Nunca volví a verlo ni a escucharlo. Lo último que hizo fue enviarme a casa un sobre con dinero y escribir en él ¨deshazte de eso¨.

Fueron días de tristeza y de soledad. De no saber qué hacer, de encerrarme en las cuatro paredes de mi habitación, de sentirme en depresión. Nunca supe a quién recurrir, supuse que nadie me apoyaría, que todos, incluso mi familia me juzgaría. Estaba completamente sola, sola y desamparada, contigo en mi vientre y prohibiéndome sentir cualquier emoción. No quería quererte. Sentía que debía aborrecerte porque habías llegado a arruinarlo todo. A acabar con mis planes y mis sueños. A acabar con cualquier ilusión. A alejarme de él. Y en definitiva yo no me veía con un bebé. Tontamente creía que con un bebé nadie más me aceptaría y quedarme para siempre sola no era algo que deseara. Quería formar una familia, pero no aun, no sin él.

Cuando ya no pude más con aquella incertidumbre de que iba a pasar, lo decidí. Tomé aquel sobre y me dirigí a una clínica que ignorantemente había investigado en internet. Llegué aterrorizada y acompañada solamente de ti, en mi vientre. Entré y me sentí horrorizada. No era una clínica común, las mujeres salían de allí desarmadas, llorando, pálidas, parecían fantasmas. Hablé con el médico y no quise saber nada del procedimiento, firmé todos los papeles que me dio a prisa y le dije que empezara cuanto antes. No quería tener tiempo para pensar, para arrepentirme. Quiso tratar de convencerme queriéndome hacer escuchar los latidos de tu corazón, no era necesario, yo los podía escuchar desde mi vientre, aunque piensen que no es posible.

Antes de aquella decisión acaricié cada noche aquella pequeña barriga que solamente yo me notaba. Me rehusaba a quererte, lo cierto es que te amé desde aquel día en que supe que ya estabas en mi vientre. Y aun así cobardemente no luché por ti. No podía traerte a este mundo a carecer, a sufrir, a ser señalado por la gente. No tendrías un padre y yo temía el tan estúpido ¨qué dirán¨ como si eso importara. Me imaginé siempre como serías, si serías niño o niña y también que nombre te elegiría. Comenzaba a ceder, pero aquellos pensamientos fueron interrumpidos por el médico con aquella inyección que me sedó. Ya no tuve más tiempo de pensar. Aquella decisión fue irrevocable e inconscientemente podía escuchar una dulcecita voz decirme: -mamita ¿y si me dejas vivir?, y juro que quise despertar, detener aquel acto tan ruin y cobarde, ¡quise salvarte! Pero entonces ya era demasiado tarde. – ¡Hemos acabado con su problema!, pronunció el doctor. El problema nunca fuiste tú, sino yo, mi amor. Yo no merecía un angelito como tú, tú no merecías una madre como yo, tan ignorante, tan tonta, tan cobarde.

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Ahora estaba más sola que nunca, ahora ya no tenía más tu compañía y yo me sentía tan ruin, tan miserable. Volví a casa sin una pizca de ilusión, con los sueños rotos, con la sonrisa fallecida y con un corazón que ya no latía. Esa tarde no solo te maté a ti, maté también una gran parte de mí. Y si, ¡te maté! Porque tú ya eras un ser, muy pequeñito pero un ser al fin. Fueron días en que no dormía. A diario tenía pesadillas. Días de una eterna agonía, días en los que me sentía que moría y en realidad eso quería. No estaba satisfecha con la decisión que había tomado. ¡Te quería de vuelta a mi lado! pero ya era imposible, era demasiado tarde para darme cuenta que te amaba tanto. En ningún momento tuve los debidos cuidados y entonces todo se complicó. Al final terminé peor. Desde ese momento en adelante sería una mujer seca, una mujer que nunca más podría dar vida a otro ser. Era mi merecido castigo, lo sé.

Cuan irónica puede ser la vida. De haber sido valiente aquello jamás hubiese pasado. Yo sería una mujer completa y me sentiría feliz teniéndote a mi lado.

Nunca volví abrir mi corazón a ningún hombre. Total, ahora soy una mujer que no tiene nada para dar. Mi pasado aún me duele y las heridas continúan sangrando cada día. Me he dedicado de lleno a crecer en lo profesional, y mucho o poco sé que contigo a mi lado hubiese sido igual. Ahora sé que contigo hubiese formado una familia, muy pequeña pero muy feliz. Tú hubieses sido mi motor que me impulsara cada día y tengo claro ahora que nunca debió importarme el qué dirán, ni siquiera la cobardía de tu padre. Yo debí agradecer su abandono, porque al final de cuentas te tendría solo para mí y todos tus logros serían por mí.

Ahora es que me doy cuenta todo lo que pierde una mujer al hacer aquel acto. Yo creí haber tomado la ¨mejor¨ decisión, pensé ingenuamente que después de ello mi vida volvería a ser igual, pero no lo fue, se tornó mucho peor. Terminé sola y devastada, sin la esperanza de algún día poder concebir otra vez. Terminé sin las ganas de volver a enamorarme. Terminé sin la ilusión de cargar una pequeña parte de mí y cubrirlo con mis brazos. Enseñarle el mundo y como cuidarse de él. Verte crecer, contigo aprender. Me perdí de amarte cada día (aunque aún lo hago, aunque tú no estés). De escuchar tus primeras palabras, de verte dar tus primeros pasos, de hacer berrinches, de jugar, de decirme -mamá-.

Me perdí de un sinfín de cosas que nunca más podré tener. Te perdí a ti y con ello me perdí a mi. Hoy después de diez años continúo llorando tu perdida. Aun no puedo perdonarme. ¡No puedo soltarte!, no logro callar aquella vocecita que escuché aquel día donde me pedías que te dejara vivir. ¡Te extraño!, día y noche pido al cielo poder soñarte, saber cómo hubieses sido, como sería tu cabello, tu piel, tus ojitos, tu nariz y tu boca. ¡Si tan solo pudiese imaginarte!, pero ni ello logro obtener. No sé si me has perdonado, yo aún no logro hacerlo. Día y noche me reprocho no haber sido valiente, no haberte cuidado con uñas y dientes. No haber hecho frente a aquella situación y empezar de nuevo, pero viendo ahora por los dos.

Nada justifica lo que hice y de eso estoy consiente. No hay tal situación que pueda justificar el matar a un ser tan pequeñito e indefenso, un ser que no ha elegido venir a este mundo pero que sin embargo ya está dentro de uno. Creo que ni siquiera una violación es justificación, basta armarse de valor y sacar adelante a ese pequeño ángel que es mitad nuestra. Un hijo no acaba con tu vida, al contrario, te da más fuerzas para salir adelante y vencer cualquier obstáculo. Siempre habrá una solución, pero la mejor nunca será el aborto. Ni siquiera un hombre debe influir en tal situación, si él no quiere responder, ¡hazlo tú!, pero no llegues a tal grado de irte por la puerta fácil, pues te aseguro una cosa, con ello solo tendrás asegurado el infierno, ese mismo en el que vivirás a diario después de cometer tan ruin acto.

Ahora no hago más que imaginarme tus risitas y tus travesuras. Te veo en cada niño que me encuentro por la calle, quisiera acariciarles, pero finalmente veo la realidad, tú ahora eres un ángel. Sé que yo nunca me lo he de perdonar, pero tú mi corazón ¿podrás hacerlo?, no puedo esperar al día en que nos volvamos a encontrar, porque sé que en algún momento contigo estaré y te daré todos aquellos besos, abrazos y caricias que me negué darte. Te diré todos los te amo que se quedaron callados y sé que por fin te tendré por siempre a mi lado. ¡No puedo esperar a que ello pase! Y es que no solo te maté a ti aquel día, aquel acto fue para mí un suicidio y es que lo que hoy tengo no puede llamarse vida, solo espero con ansias el día de mi partida.

-Mami, han pasado ya diez años desde aquel día, y yo desde el cielo he podido observar cómo te sigue doliendo aquella decisión. ¡Por favor, ya no llores!, seca ya tus lágrimas y continúa adelante. ¡Yo te he perdonado! Y aquí te estoy esperando con muchos abrazos y besos que te he de dar de montón. Te amo mami, desde que me pusieron en tu pancita y siempre será así. Desde acá arriba yo te cuido y cuando vengas sé que cuidaras tú de mí.

Con amor: tu bebé.

Di NO al aborto y actúa con responsabilidad, sino, !ten el valor de asumir las consecuencias!

Autor: Stepha Salcas



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