El hecho de que los polos opuestos se atraen parece suponer una realidad y un misterio. En la búsqueda de nuestra “media naranja” muchas veces nos sentimos profundamente atraídos por personas totalmente opuestas a nosotros. Al principio puede que esta diferencia de carácter y personalidad, nos seduzca porque lo desconocido siempre capta nuestra atención. Pero, ¿Realmente estas relaciones tienen el éxito asegurado?

No existe una fórmula matemática, ni mágica que asegure el triunfo de una relación de pareja. Son múltiples los factores que influyen en el éxito o en el fracaso de la misma. La atracción física es la primera alerta que recibimos cuando vemos en otra persona una potencial pareja. A esto hay que añadir los rasgos psicológicos y la experiencia personal que nos condicionan a la hora de elegir a la persona con la que queremos compartir nuestra vida.

Las vivencias que acumulamos en el terreno amoroso también influyen en la elección de pareja. Con la edad, las preferencias y características que buscamos en la otra persona cambian. Las prioridades de un adolescente no son las mismas que las de un treintañero, por ejemplo.

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Cuando los polos opuestos se atraen 

Lo primero que hay que saber es que tener gustos similares en películas y comida no necesariamente significa que estarán juntos durante demasiado tiempo. Así mismo, tener pasatiempos distintos no significa que su relación no va a funcionar.

Tener gustos y opiniones distintas a las de tu pareja puede beneficiar tu relación, ya que les da una nueva perspectiva ante la vida además de que tener personalidades contrastantes siempre es bueno, ya que no quieres salir con alguien que sea exactamente igual a ti en todos los sentidos.

Lo mejor de salir con alguien diferente a ti es que te permite compensar cualquier defecto o fallo que creas tener con alguna virtud de tu pareja. Otro aspecto positivo de salir con alguien distinto a ti es que es, hasta cierto punto, un reto, ya que constantemente están buscando cosas nuevas para probar e intentar y no hay nada como salir de la rutina para mantener viva una relación. Sus conversaciones nunca serán aburridas, ya que cada uno de ustedes posee un punto de vista único.

Esas diferencias, lejos de ser problemáticas, pueden añadir mucha pasión y gracia a la relación, también en su faceta más sexual. Todos estamos llenos de deseos e insatisfacciones y, normalmente, estas se compensan y se ven satisfechas gracias a su polo opuesto, a aquello que nosotros no tenemos y que hace que se genere una determinada necesidad. Pero además de satisfacerse, lo opuesto de esos deseos y de esas actitudes genera una tensión de contrarios que produce la pasión que sostiene y mantiene las relaciones.

La motivación interna es fundamental para que una relación sea comprometida y duradera, y esa convivencia de opuestos es un incentivo que desata esa motivación. Es cierto que la seguridad, la protección, la comodidad o la intimidad son características básicas de una buena relación. Pero todas ellas necesitan una compensación que incline la balanza y la equilibre: excitación, pasión, aventura, riesgo y una cierta independencia. Sin ese contrapeso, la seguridad se traduce en aburrimiento, la dependencia se transforma en indiferencia, la intimidad se vuelve claustrofobia y la comodidad se reduce al inmovilismo. La diferencia, que tanto nos asusta a veces, es algo que debemos celebrar.

Y esa diferencia es justamente lo que hace que una relación produzca excitación, nervios, dinamismo, actividad y creatividad. Por supuesto, una cosa es no acomodarse y estar estimulado y otra muy diferente tener miedo real de perder al otro: hallar ese sano equilibrio es complicado, pero unos opuestos bien compensados son un buen punto de partida.

Los opuestos, o más bien los complementarios, se dan en infinitos modos. Están los introvertidos y los extrovertidos, la gente matutina y la nocturna, los impulsivos y los planificadores, los que buscan la seguridad y los aventureros, los trabajadores y los perezosos… y no hay por qué negar la idea de que algo en nosotros se inclina hacia las personas que compensan nuestras actitudes dominantes con tendencias complementarias.

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El problema de los polos opuestos 

Es verdad que sucede, que los opuestos se atraen, pero también es cierto que, desde un cierto punto de vista, parecería más lógico que tendiésemos a juntarnos a las personas que más se nos parecen. Diferente a lo que creemos, estas relaciones no son tan fructuosas. Esas “diferencias”, que al principio captan nuestra atención y que incluso vemos como rasgos que complementan y enriquecen nuestra personalidad, con el tiempo se convierten en problemas que dificultan el entendimiento de la pareja y provocan la ruptura.

Que una persona metódica congenie con una caótica y desorganizada, o que una persona extrovertida se lleve bien con otra más introvertida, es posible, pero los estudios científicos demuestran que las parejas compuestas por individuos con gustos parecidos tienen más probabilidad de perdurar en el tiempo.

Aquellas personas que buscan una pareja con personalidad opuesta a la suya, necesitan conocer una forma de vida diferente a la suya y esto lo hacen a través de su pareja. Las diferencias enriquecen, pero lo que en principio resulta muy seductor y emocionante, con el tiempo pasa factura a la relación.

El problema de los polos opuestos es que el resultado de ese tipo de unión no es obligatoriamente un éxito. En la rutina de la vida en común las contradicciones se empecinan. Personas muy diferentes viven peleando e irritándose una contra la otra. Temperamentos y gustos antagónicos dificultan la vida en común. Durante el período de noviazgo, los obstáculos existen, pero no son tan importantes, ya que son raras las cosas prácticas compartidas. Pero cuando la relación se vuelve más seria y existe un compromiso formal, comienza entonces la tarea de cada uno intentando modificar al otro. El marido quiere amoldar a la mujer de conformidad a su modo de ser; la mujer desea que el marido la comprenda y se aproxime a sus puntos de vista. ¿Será eso posible? ¿No deberían disminuir las discrepancias con la convivencia? Deberían, pero no disminuyen, tal vez a causa del miedo de ver desaparecer el encantamiento amoroso. Sí, porque a fin de cuentas los enamorados se han sentido atraídos exactamente por ser polos opuestos. Si se vuelven parecidos, ¿no se acabará el amor? Las parejas conviven durante años, siempre desentendiéndose, siempre procurando hacer del otro un semejante y sólo consiguen agravar las diferencias y empeorar las peleas.

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Quienes buscan a una pareja con personalidad similar a la suya, realmente buscan a alguien que les complemente. Este tipo de relaciones suelen ser sólidas. La pareja posee valores comunes, que les hace enfrentarse a la vida de una manera muy parecida. Generalmente, muestran más facilidad para ponerse en la piel del otro y para resolver las crisis que surgen en la pareja.

Por tanto, y atendiendo a las consideraciones de los expertos, parece ser que en las relaciones de pareja los polos opuestos no siempre causan el mismo efecto que en los campos magnéticos. Más que atraerse, parecen repelerse.

En conclusión, sólo te puedo decir que es más importante tener las mismas metas que tener los mismos gustos. Si, a pesar de las diferencias, te llevas increíble con él y te imaginas un futuro juntos, es todo lo que necesitas. Lo primordial es encontrar el balance entre tus gustos y entre los suyos para que nunca exista un momento aburrido en su relación.

 

Y tú, ¿qué piensas? ¿polos opuestos realmente se atraen o es solo una mentira repetida miles de veces?

 

Autor: Karla Galleta

 

 



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