No pretendo que lo entiendas ahora, eso sería tan absurdo como hacerte entender mi pasión por las letras cuando tú sabes más de números.

No pretendo que sepas porque huyo pero bueno, ya está hecho, he enviado ese estúpido mensaje anunciándote que todo ha terminado.

Ya sabíamos que acabaría así ¿o no? Comenzamos como un juego, una noche de descontrol en donde ninguno pudo resistirse a un beso y luego otro y enseguida caricias y finalmente, terminaste enredado en las sábanas de mi habitación.

Llegabas cada madrugada por una porción de besos y caricias y aunque de principio dije: “yo no me enamoro”, cada una me hacían sentir algo distinto que desde hace mucho no sentía.

-Es solo sexo- decíamos los dos pero conforme pasaban los días y las noches a tu lado, algo comenzaba a cambiar en mi interior. -Nunca he hecho el amor-, pronunciaste y te hice saber que tampoco yo. Y aquella forma tan salvaje de poseernos comenzó a cambiar conforme el tiempo. Ahora mis caricias eran más suaves y mis besos más dulces. Ahora mi ritmo era más lento pero mi respiración más agitada, ahora los latidos de mi corazón se escuchaban y eso me asustó.

Tú no sentías nada, lo habías dejado tan claro que, estúpidamente yo no cometería el error de sentir primero pero entonces me envolviste con aquellos cálidos y tiernos besos. Por momentos bajabas tu intensidad y disfrutabas de la vista que yo te regalaba. Besabas mi frente y me acurrucabas en tus brazos y eso comenzó a derretir mi corazón, más aún cuando me refugié en tu pecho y escuché los latidos de tu corazón haciendo una gran melodía con los míos.

Pero no, no pretendo enamorarme ni que te enamores. Soy un alma libre, siempre lo he sido y siempre lo has sido. Tal vez no nacimos para el amor o tal vez no hemos nacido para estar juntos. No quiero saberlo, no quiero arriesgarme, no quiero ser la primera en sentir, me rehúso a que me lastimes y me rehúso a seguir cerca de ti…

Ahora no hay risas en mi habitación ni esos sonidos tan excitantes. Quiero olvidar los días de ayer pero… Toda la casa aún huele a ti, mis sábanas, mis almohadas e incluso la sala. Esa perfecta combinación de tabaco y loción. Sigues aquí aunque ya no estés, sigo sintiendo tus caricias en mi piel y sigo deseando verte llegar de madrugada, tanta confusión acaba con mi alma y no sé…

No pretendo enamorarme y por eso me declaro una total y completa cobarde.

Autor: Stepha Salcas  (Diario De Una Bipolar)

Derechos de Autor.



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